El metal no es comunitario

Por Fabio R. Castillo

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Se cancela el festival La Gruta del Dinosaurio, a realizarse el 24 de marzo de 2023 en la Casa de Cultura de Jaimanitas y con trece bandas en cartel. «El rock no es de interés para la comunidad local», esgrimen las autoridades municipales de cultura como motivo de la desestimación del evento. Hora es de que se les informe sobre la dinámica de estilos de música alternativos y de nicho.

Las bases que sustentan la decisión parecen replicar el pensamiento lineal sobre el funcionamiento del mercado musical: el crecimiento desde la localidad. Con semejante lente, el no interés de la comunidad equivale a la escasa asistencia del público, por tanto, no sería rentable llevar a cabo el festival. Pero, al igual que muchos desentendidos del género, se equivocan y pecan de tener un enfoque falso en cuanto al tema.

El metal es un género de nicho y, como tal, cuenta con un público determinado. Un público que no está centrado en un lugar en específico, sino que se encuentra esparcido por todas las localidades. Que no sea denso no significa que no sea cuantioso.

La negativa de la Dirección Municipal de Cultura a la realización del evento denota un profundo desconocimiento del estilo con que están lidiando o la intención de poner trabas al desarrollo del rock en Cuba. Particularmente, tras hacer oídos sordos a la evidencia brindada para demostrar que sí hay un público para ese tipo acontecimientos. Junior Hernández Castro, El Friki Periodista, se preguntaba si no hubo acaso un Cuerdas de Acero con La Madriguera llena, un Maxim Fest auspiciado por Darkness Fall, un Ciudad Metal y un Rock de la Loma.

Peor aún. ¿No hubo acaso otra Gruta del Dinosaurio, en la mismísima Jaimanitas? ¿Otra noche de conciertos con suficiente asistencia del público? Él habla —como también lo hago yo— desde la perspectiva del testigo presencial. ¿Qué más tenemos que demostrar?

La lógica a la que se adhiere este caso particular induce el pensamiento de que Centro Habana o Miramar constituyen comunidades más rockeras, por tener los espacios como el Maxim Rock, La Madriguera y la peña del Café Miramar. Por supuesto, cualquiera podría afirmar sin equivocarse que no es así. Los espacios —pocos como son— dedicados al metal forman puntos donde se dan cita los frikis del Vedado, de Playa, de Diez de Octubre, de Alamar y de cualquier otro sitio.

El texto publicado por El Friki Periodista terminaba abogando por la sinceridad. Pidiendo que si la intención era la de no darnos nuestro lugar, de no priorizarnos porque no quieren o porque no les importamos, nos lo dijeran. Me sumo también a esta petición para saber con exactitud qué batalla librar.