Thrash metal… ¿épico?

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La narrativa fantástica de High Command trae una visión refrescante al estilo fiestero por tradición del crossover.

Por Fabio R. Castillo 

Eclipse of the dual moons es el título del segundo álbum de estudio a manos de la banda norteamericana High Command. La etiqueta para encapsular el sonido del disco publicado el 25 de noviembre de 2022 por Southern Lord Records sería «crossover thrash metal»; sin embargo…

Portada del Eclipse of the dual moons. Arte por Suture & Soil

Al mirar la portada del fonograma se instala la duda. Lejos de las convenciones del estilo, un paisaje desértico bajo la influencia de las lunas dobles en evidente conjunción indica que las canciones de este grupo no hablan de pizza, marihuana, alcohol y explosiones nucleares. La narrativa de High Command tira de imágenes más recurrentes en estilos como el power metal o el doom de corte épico.

Para romper la concepción melódica y grandilocuente de la fantasía en el metal, el disco abre con toda la agresividad que se puede esperar del thrash dopado con hardcore. «Eclipse of the dual moons» se llama la pieza que arrastra al oyente a los galopes de paso rápido llevados por las guitarras y la percusión.

Entre timbres ricos en frecuencias medias y una voz desgarrada a lo Power Trip, los thrashers de Massachusetts no olvidan que su meta es embestir a la audiencia como si de un enemigo armado se tratase. Para hacer contraste a las estocadas con filo del acero, el segundo tema llega con la fuerza de un mazazo en el medio del pecho.

«Immortal savagery» direcciona el sonido del disco hacia la pesadez de un medio tiempo que hace patente la influencia groovy de la banda. Con riffs que parecen sacados del año 86 y un tono francamente bluesero, esta pieza prepara el terreno para la experimentación con tempos menos rápidos y enfoques más narrativos.

Con High Command, todo suena muy seco, caluroso y desgastado. Secartha, el mundo fantástico donde toma vida la historia que cuenta el álbum, no parece contar con valientes caballeros de armaduras pulidas y de intachable moral; sus planicies semidesérticas las pueblan mercenarios con armas oxidadas y rostros endurecidos con cicatrices.

Con cerca de ocho minutos de duración, «Imposing hammers of cold sorcery” es el primer experimento narrativo del disco. «¿Thrash metal con esa duración?», podría uno preguntarse con incredulidad y, aunque parezca una pésima idea, funciona en su contexto. La canción varía lo suficiente como para no resultar aburrida: riff por aquí, fill por allá y siempre la energía que constituye el sello del grupo.

Empero, si no bastara, luego rompe «Omniscient flail of infamy» tras una marcha militar sobre un texto recitado. Sin concesiones, la pieza es un rompecuellos en toda regla, de principio a fin. Rápida, agresiva; llegado este punto, también le da un cierto equilibrio al fonograma. Actúa como contrapeso de los medios tiempos hardcoreros que también guían la escucha.

High Command

El ritmo general del álbum se mantiene hasta el final. Alternando entre toques llenos de fuerza aplastante y ataques rápidos y cortantes. «Siege warfare» destaca por retomar el frenesí con que arranca toda la aventura.

A modo de epílogo, el cierre del disco se hace monolítico: doce minutos de batalla, tanto en la historia como en el sonido. Una vez más, la obra resulta más apreciable en su contexto que como una canción suelta. Con un tiempo, quizás algo extendido, de 48:25, Eclipse of the dual moons expía la temática repetitiva de sus homólogos. Thrash metal épico. Funciona, existe y parece encontrarse en ascenso con todo su potencial.