“Self”, de Steven Wilson: discordia y egoísmo (+ video)

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por Daryel Hernández

“¡Tomemos al fin las riendas!”, podría ser la consigna entre la realidad y la discordia en que se vive actualmente. Sería lo que muchos músicos intentan expresar en sus canciones para evitar el conformismo, el consumismo globalizado y la enajenación cotidiana de las personas; canciones que van más allá de un mensaje: llegan a la protesta y buscan generar entonces, esa discordia, tocando en profundidad temas políticos, ambientales, polémicos, de cultura sanitaria…

Bajo estos preceptos, el músico y compositor británico STEVEN WILSON estrena su última producción discográfica, The Future Bites, que trata de amonestarnos sobre las adicciones que acechan este siglo, principalmente de la sociedad actual. Realiza una lectura de las costumbres superficiales que hemos desarrollado los humanos: la pérdida del contacto con el resto del mundo, la manipulación de las redes sociales, la identidad, la separación e individualidad, entre otros materiales sombríos y extraños del mundo contemporáneo. En estos entornos radican sus temas, no como advertencias, sino, más bien, como ilustraciones. Si hablásemos de todo eso, centrémonos entonces, en el recién lanzado video musical “Self”.

Esta vez, WILSON nos entrega un cambio de imagen perturbador que produciría una distopía junto al contenido inmerso en las letras rojas de su canción y utiliza los mismos medios que, al parecer, desprecia.

Medios como una barba de tres días, una expresión molesta y cansada, un esmoquin, sus clásicas gafas y una voz a medios tonos pop, son suficientes para representar a la generación humana que vive ensimismada. Ahí es donde surge la alerta: ¿no somos todos eso o algo parecido? “Los que pretenden ser algo que no son, no se alejan del triste sueño de ser otra persona”, es un pensamiento común, y aquí radica el tema principal del sencillo que nos presenta el autor; el “yo”, la persona con quien convivo internamente y su manera de reflejarse en la imagen de otros. Un nuevo narcisismo “replicante”. El cantante refleja todas y una de esas cosas con una simple toma enmarcada en plano medio estático en el video, justo como nos vemos cada día al espejo. Nuestro reflejo en sí, según la perspectiva de STEVEN WILSON, es la mayor semejanza con la exaltación del ego y en lo que nos vamos transformando.

Videos de este corte destacan por su dinamismo, donde la interactividad fomenta el impacto, aceptación y evolución del discurso. Recuerdan, por ejemplo —y tocando un tema similar—, al audiovisual correspondiente al single: “Carmen” del artista francés contemporáneo a WILSON, Stromae: nada más antinatural que un pájaro tweet, con una piada poco común, consumiéndote en vida mientras se transforma en una figura agresiva, controladora y estrafalaria sacada de tu misma realidad y la realidad paralela creada en las redes sociales. Un fenómeno.

Sin embargo, STEVEN WILSON escala otro nivel desde la visión del habitual Miles Skarin, desarrollando la obsesión humana por su propio ser y una nueva tendencia de narcisismo con tintes dudosos a la hora de tratar la naturaleza de la identidad, mediante las variaciones de su rostro. Expresa la facilidad para el arte de falsificar, que corre libremente en estos días, con usos tecnológicos y técnicos (apañándose de las controversias surgidas en torno a la app DeepFaceLab) para transformar su cara en —tal vez— alguna de las celebridades más influyentes, apreciadas o no tanto. WILSON busca no solo categorizar esta imagen como algo publicitario e instintivamente consumible, mercantilmente hablando, sino también, la existencial perdida de la curiosidad y la inmersión figurativa en el concepto de celebridad. La imagen se impone sobre la identidad de la persona, artificial y duplicada: “Aparentar lo que no somos”. Utiliza para ello facciones computarizadas como las de Donald Trump, Robert Downey Jr., David Bowie, Hillary Clinton, Scarlett Johansson y Tom Cruise (rostros que, amén de sus defectos, empotran los ojos delante de sus últimos acontecimientos), para así denunciar la capacidad progresiva de una campaña que hace culto a las malas prácticas que nos hace imperfectos. Aunque —tratando de no ser absolutamente quisquilloso— ¿no es esta técnica empleada una vana promoción de la tecnología y las redes que tanto enajenan?

Usos de este tipo se presencian a lo largo del clip, y si de la música hablamos, WILSON nos compone un tema algo progresivo y rockero como nos tiene acostumbrados. No obstante, en la canción, como en todo el álbum, el ex PORCUPINE TREE se desempeña sobre las consolas electrónicas para dar un acercamiento a corrientes más pop y un uso más experimental y robótico de la melodía —en mi opinión, la música de las masas, con vestigios del sonido Bristol. Aquí su radicalidad puede ser observada y/o analizada más bien como una llamada de atención sin previsiones a las consecuencias o los resultados; y atraer, de hecho, a las masas, que de seguro atestiguan su creación como artista desde las consolas y dispositivos. Él mismo dice: “Turn it up and Tone it down”, pero el fin no justifica los medios, a la sazón es: “Entertain like a fucking clown”.

En un video que bien logrado estética y conceptualmente (donde advierto que no hablamos de un disco conceptual ni radical en su esencia), WILSON nos comunica, a base de lo que parecen regaños, lo que estamos haciendo mal en la sociedad, “no formando parte de ella definitivamente con nuestro egoísmo y la inconmensurable perdida del contacto piel con piel”. El tono blanco y negro (usualmente asociado al pasado o la construcción de recuerdos), permite concentrarnos en que las letras rojas en primer plano tomen el poder que hace falta: que se extiendan por nuestro subconsciente y reflexionemos así sobre nuestras faltas, sobre nuestra pérdida inmediata y voluntaria de identidad, mientras WILSON actúa superficialmente con gestos y señas, imitaciones ególatras y controversiales a la manipulación. El poder de la palabra junto al lenguaje corporal profundiza en la idea de que todo lo que parece real para los humanos es algo falso. Entonces, “Nunca has sentido del todo la fusión, ¿verdad, Rick?”.

¿Les llegó el mensaje? Me avisan cuando finaliza el video, para ver mi reflejo en tonos negros sobre el celular.

La Habana (1996). Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de La Habana. Cinéfilo y editor. Aspirante prematuro a director. Novelista, poeta y loco.

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