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    Rock cubano: los que se nos fueron en 2020

    por Humberto Manduley

    Haciendo una mirada en retrospectiva, más que resumir lo acaecido en el área internacional, donde la cifra de fallecimientos fue realmente alta, este texto se concentrará en las sensibles bajas humanas que sufrió el rock hecho en Cuba, el de antes y el de hoy. No importa si fueron creadores con una proyección autoral propia, intérpretes de estilos contrastantes (del metal al rock-pop) o “fusileros” del cancionero foráneo. Están aquí porque en algún momento el género también los apasionó, sin demeritar si fue antes o después. A fin de cuentas, la historia es una larga, infinita concatenación de obras, actos y personas. A eso vamos.

    El año abrió con el deceso, el 19 de enero, de Leonardo Yero Llanes “Pelencho”, antiguo miembro del grupo espirituano de pop-rock Sonido 13. Mario Valdés, quien fuera bajista de combos habaneros durante las décadas de los 60 y 70 como Mayito y Sus Bambinos y posteriormente, Los Signos, uno de los más emblemáticos del período, falleció el 7 de febrero.

    Mayito (cuarto de izquierda a derecha) junto a Los Signos, en 1970.

    El 28 del mismo mes fue el cantante y multi-instrumentista Armando Larrinaga quien desapareció. Recordado por integrar el Combo Parisén, Los Picolinos, el cuarteto vocal Los Prisma y una de las alineaciones finales de Los Bucaneros, destacó también como compositor en el ámbito de la música popular.

    El 7 de marzo dejó de existir el baterista Emilio del Monte (padre). Con una meteórica carrera que lo llevó a figurar entre los grandes de su instrumento, tanto en el jazz como en otros géneros, no se debe olvidar que acompañó algunas de las grabaciones y actuaciones en directo de Jorge Bauer, el primer ídolo juvenil cubano del rock and roll a fines de los 50. Antonio Pérez Fonseca, quien fuera guitarrista de las bandas pioneras holguineras Los Láser y Los Century hace medio siglo, murió el 22 de marzo. Asimismo, aunque no he podido precisar la fecha exacta, ese mes falleció Pedro “Flower”, pieza fundamental del combo capitalino Los Chicos de la Flor, vinculado al grupo hippie de igual nombre que se movió sobre todo en la zona del Cerro.

    El 22 de abril nos abandonó el vocalista Willian Bonachea. Desde sus comienzos en el decenio de los 80 y hasta su final, fue pieza clave en todas las agrupaciones por las cuales transitó, por su labor frente al micrófono y su carisma escénico. Muy recordados son sus pasos en Estirpe, Mantra, Cénith, Trance, Challenger, Simbiosis, Tenaz, DNA, Izquierdo Reservado y Los Takson. Guardo una memoria especial de escucharlo cantar “Mi amigo el cuentatiempo” cuando formó parte de Gens.

    William Bonachea (segundo desde la derecha) en Tenaz.

    En mayo dijeron adiós Jesús Obarrio (día 11), ex baterista del Grupo de Felipe Dulzaides, además de encargado de suplencias en varios combos del underground habanero; Santiago Gaínza (día 25) quien se ocupó del mismo instrumento en una de las etapas de Los Galantes que acompañaban a la cantante Lourdes Gil; y Reynold Tortoló (día 27) quien pasó por las filas de Los Barba.

    En cuanto a junio, justo en su inicio falleció Pedro Trujillo, perteneciente a la nómina original del grupo Moncada, en el que se desempeñó como flautista, saxofonista y cantor ocasional, pero que en la escena del rock colaboró como instrumentista en la grabación del disco Pretentions (2001) de la agrupación de la capital Kámara Ganma.

    Jorge Bouso, ex baterista de los setenteros Última Generación, murió el 3 de julio; seguido tres días después por el cantautor Yolo Bonilla, quien en su obra mezclaba elementos brasileros (su gran obsesión), rock, reggae y ritmos cubanos.

    Jorge Bouzo, baterista de Última Generación.

    El mes siguiente asistió a las desapariciones de Luis Rovira (integrante de Los Halcones a inicios de los 60) el día 4; Roberto Marín, reputado director de Los Bucaneros en todas sus formaciones por más de 20 años, a partir de finales de los 50, el día 11; y el baterista Guillermo Goizueta cuatro días después. Conocido en el mundillo del rock en La Habana por el seudónimo “Willy Palo” tuvo una importante trayectoria antes de emigrar, ya que pasó por agrupaciones amateurs y profesionales como TNT, Los Tax, S.O.S., Condiciones Humanas, Los Jets, Los Kents, Los Sotanas, La Banda Loca, La Banda Metálica, Los Armónicos de Felipe Dulzaides y Los Dada.

    El baterista Willi Palo en acción.

    También fallecieron Pedro Saque (día 25), figura imprescindible del rock en Güines por sus estancias en Proyecto X, Retorno, FM y La Banda de la Lombriz, así como Nelson Marchena (día 31), miembro fundador de Los Rijen en 1968, combo que funcionó en Vertientes, dedicado a versionar el rock-pop hispanoamericano

    El 11 de noviembre se produjo el deceso de Enrique Pérez Iznaga, quien se ocupó de la batería en grupos camagüeyanos como Los Middles, Los Cometas y Girón. Diez días más tarde murió Emilio Valdés, integrante de una efímera banda habanera nombrada Los D’19, en la que coincidió con su vecino de barrio y actual bajista de Los Kents, Waldo O’Farrill.

    Enrique (primero de izquierda a derecha) en Girón.

    Finalmente, en el último mes del año fallecieron Daniel Aldama (día 4) quien fuera percusionista de Los Noctámbulos, aunque se le reconozca más su participación en ensambles de música popular, y Roger Balboa (día 11), antiguo cantante de Los Jaguares, bien recordados como una de las formaciones claves del temprano rock cienfueguero.

    Probablemente hubo otras partidas definitivas en el año que recién terminó. De ser así, y algún lector tenga esa información, sería importante rescatarla, pues contribuiría a completar el rompecabezas del rock en Cuba. De todos modos, el presente texto sólo intentó recordar a los que partieron durante el nefasto 2020, pues fueron partícipes de una historia poco conocida. También, agradecer, aunque sea en forma póstuma, por un legado que va más allá de la música: el recuerdo que dejaron entre familiares, amigos, colegas y todos los que los siguieron cuando, en sus épocas de rockeros, nos hacían la vida más agradable a través de la capacidad (como decía el amigo Joaquín Borges Triana) de “soñar por la oreja”.

    La Habana (1959). Investigador especializado en la historia del rock en Cuba. Es autor de los libros El rock en Cuba, Hierba Mala: una historia del rock en Cuba y Parche: enciclopedia del rock en Cuba. Escribe la columna La Cuerda Floja, en la revista cultural El Caimán Barbudo.

    Humberto Manduley
    Humberto Manduley
    La Habana (1959). Investigador especializado en la historia del rock en Cuba. Es autor de los libros El rock en Cuba, Hierba Mala: una historia del rock en Cuba y Parche: enciclopedia del rock en Cuba. Escribe la columna La Cuerda Floja, en la revista cultural El Caimán Barbudo.

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