Rock y metal en Cuba: repaso de un año atípico

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El año 2020 ha sido atípico para el rock y el metal hecho en Cuba. En medio del confinamiento por coronavirus y la suspensión de los conciertos durante la mayor parte del tiempo, músicos, promotores y público han debido buscar alternativas para mantener la interacción y, en ese sentido, las redes sociales se erigieron como fortalezas.

No murieron, como quizás muchos pensaron, las ganas de hacer rock y metal, o la continuidad del movimiento. Desde la realización de los primeros conciertos online y festivales virtuales como Atenas Rock, Patria Grande y Ciudad Metal, hasta lanzamientos de sencillos, EPs, álbumes de estudio y videos; nuestras bandas, de una forma u otra, se mantuvieron activas, e incluso exploraron fronteras que en otro momento quizás no hubiesen cruzado.

Porque, eso sí, las consecuencias de la COVID-19 demostraron que la promoción y la autogestión son imprescindibles en la época que vivimos, y que crear lazos con agrupaciones, promotores, festivales y disqueras internacionales, es una ventaja para cualquier grupo, en un escenario musical cada vez más difícil para la movida rockera y metalera.

Las palmas para bandas como Treatment Choice y Saloma —que, pese a no haber podido participar en la Batalla Caribeña con vistas al Wacken Open Air, sí aparecieron en el segmento online del festival—, Tendencia —que estuvo presente en cuanto evento virtual pudo—, y Helgrind y Mephisto, que ficharon por sellos foráneos y pronto editarán sus trabajos por ahí. No fueron, por supuesto, los únicos. Cada agrupación que surgió en medio de la pandemia, cada piquete que compuso, grabó y participó en un evento, cada grupo que siguió trabajando en lo que ama, hizo su aporte a la escena.

Se vienen tiempos difíciles en el campo económico y en el panorama cultural cubano, pero si algo han demostrado el rock y el metal, es su capacidad de sobrevivir en un medio hostil o poco amigable. Aprovechar los espacios que brindan las tecnologías e intentar trasladar esas reacciones e interacciones virtuales a la realidad, una vez regresen los conciertos, será, más que nunca, algo vital para mantener esas conquistas que las bandas de los noventa nos legaron, y que a veces olvidamos o minimizamos por considerar insuficientes.

Pero esto último —mantener vivo el movimiento— más que de los intérpretes de rock y metal, es una misión colectiva. Apoyar el arte de nuestros cultores, siempre en la medida que se pueda, es la mejor forma de retribuir a quienes, muchas veces gastando más recursos que los que van a ganar, mantienen latente una escena que ha sido maltratada, incomprendida, marginada y auto marginada, pero que sigue, pese a todo, con vida y en constante renovación. ¡Feliz 2021!

La Habana (1997). Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista por azar, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Escribo un libro de memorias del rock en Cuba y aprendo ser profesor. Jefe de Redacción y Editor de Opía Magazine entre 2020 y 2021.

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