¿Qué nos deja el Ciudad Metal 2020?

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por Junior Hernández Castro

A un día de finalizada la XXIII edición del Festival Ciudad Metal, con las primeras opiniones arrojando una respuesta positiva de bandas y audiencia, cabe preguntarse qué representó este evento virtual y cuánto podemos aprender de él para el futuro.

En primer lugar, estamos hablando del festival online de mayor convocatoria hasta la fecha, con un número de participantes (48) que triplicó al del Atenas Rock y superó con creces a los demás predecesores en Cuba. Sumándole la diversidad de estilos, la coexistencia de jóvenes proyectos con agrupaciones consagradas, y la presencia simultánea de bandas cubanas con invitadas extranjeras, podemos decir que el Ciudad Metal 2020 ha sido uno de los mejores eventos del rock/metal cubano este año, y es una pena que no todos los frikis del país hayan podido disfrutarlo.

Y esta es, en su esencia, la debilidad de los eventos online en Cuba. Las limitaciones de conectividad (que incluso llevaron a optar por la subida de videos en lugar del “tradicional” livestream) continúan siendo un desafío para los espectadores, que en más de una ocasión deben escoger cuáles bandas seguir y cuáles no, además de sufrir por la rapidez con que los videos consumen su paquete de datos móviles. Sería una buena idea para el futuro, intentar que al menos una selección de estos materiales fuesen transmitidos por la TV nacional, para que los rockers de todo el país puedan disfrutar de sus grupos preferidos y descubrir las nuevas promesas de la escena.

Una mención aparte merecen tanto el diseño de los carteles, a cargo de Felipe Chiong, como los bloques de música grabados en Santa Clara con las bandas locales, labor en las manos de Fredy Hernández y Reyniel Rodriguez (El Timba). Del primer punto, destaco la identidad visual atractiva y acorde con un evento de esta envergadura; y del segundo, una puesta en escena sencilla, pero efectiva, y una producción sonora siempre intentando apegarse sinceramente a la identidad de las bandas.

Lo más importante, a mi consideración, es que el Ciudad Metal 2020 representó una nueva oportunidad para que la música de las bandas del patio trascendiera nuestros límites geográficos, a la par de que el público nuestro pudiese nutrirse de la música de nuevas agrupaciones, sin importar su origen. Quizás aún es pronto para predecir la repercusión que tendrá este acontecimiento, pero tengo esperanzas de que sea un paso más para que las bandas cubanas encuentren alianzas con sus homólogas y sigan construyendo puentes que ayuden a fortalecer las escenas del rock y el metal, porque mucha falta hace. Los festivales virtuales llegaron para quedarse, no ya como sustitutos de lo presencial, pero sí como un complemento, o una acción en paralelo.

El Ciudad Metal online no fue el festival que soñamos. No hubo escenarios llenos de público, ni luces, ni hardcore, ni piquetes viajando, ni un frikis coreando y saltando. Pero en este 2020 convulso, donde hemos tenido que apelar al internet y aprender a buscar alternativas, el evento demostró que en Cuba hay rock y metal para rato, y bandas con ganas de enseñarle al mundo de qué está hecha nuestra movida. Y eso, al final, solo puede llenarnos de orgullo. Ojalá algún día podamos compartir todos en vivo, con un cartel de lujo como el que tuvimos en este fin de semana.

La Habana (1997). Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista por azar, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Escribo un libro de memorias del rock en Cuba y aprendo ser profesor. Jefe de Redacción y Editor de Opía Magazine entre 2020 y 2021.

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