De Monterrey a La Habana: memorias de Equidad Catacraneo (+ fotos y video)

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por Junior Hernández Castro

Aldo Neri fue el primero en descubrirme, junto a la línea de bafles, con intención de disparar a quemarropa. No sé cómo, ni por qué, pero siempre he sospechado que los guitarristas de metal pueden oler a un tipo con cámara así se esconda detrás de una columna, y por eso andan por ahí tantas imágenes de ellos con una risa de poseídos por el rock, con expresión de malotes o la melena suelta como remolino. Pero ni Aldo, ni Dani, ni sus otros dos carnales de la banda, eran particularmente peludos; así que quedaban dos variantes…

Sonó el primer riff y apunté con la mirilla. Era el primer concierto en Cuba de aquellos mexicanos, Equidad Catacraneo, y yo —sin saber que escribiría sobre ellos un año después— andaba ahí, junto a la línea de bafles, indeciso entre buscar la súper foto o mandar todo al carajo y meterme entre los grupos de frikis que ya comenzaban a descargar con la música.

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Groove con death metal… A eso me sonó la banda mientras le metía el dedo al obturador y lanzaba ráfagas al escenario. El cantante-bajista, de trenza y barba larga, ya había rugido par de canciones, y todos en el Pabellón Cuba sabían quiénes eran sus carnales. Desde las tierras de las montañas de Monterrey, en el estado de Nuevo León, México, venían los Equidad Catacraneo para intentar mover al puñado de rockers, punks, góticos y metaleros del Festival Patria Grande.

Tiempo después, leyendo un poco de historia, descubrí que el grupo había sido ganador del Tecate México Metal Fest II y que en apenas un año estrenó un disco, tocó junto a Sepultura en San Luis Potosí y lanzó cuatro videos oficiales. Ahora, en 2019, andaba en La Habana, en el Festival Patria Grande, con Metastasys y Tendencia. Eso, quizás, es de lo mejor de los festivales internacionales en Cuba: casi siempre vas a escuchar a tu banda local favorita Zeus, Combat Noise, Rice and Beans, o cualquier otra— y un grupo extranjero underground, que ni siquiera sabías que existía, termina sorprendiéndote.

—¡Esto es “Migra Sanguinaria, el asesinato de Pepe José”! —grita Abraham Paz, el frontman, y arrancan los alaridos de “¡Asesinos! ¡Sanguinarios!”, las mismas palabras que todos tienen estampadas en letras verdes sobre las camisas y chalecos negros.

Los rockers de la audiencia se activan con la música y aprovecho para hacer alguna foto. Como apenas presté atención al semestre de fotografía en la universidad (jamás pensé tocar una cámara propia), me quedan borrosas, oscuras o quemadas. “Me cago en todo”, pienso, y pongo rumbo al escenario. Los guitarristas presienten la mirilla y se juntan. Enfoco en modo automático y rezo pa’ que salga bien. El otro guitarrista, Dani Villareal, se acerca al público y saca la lengua mientras hace la mano cornuta (“¡Al fin una buena, coño!”).

Los frikis siguen trasheando y el cantante choca puños con los tres o cuatro de enfrente. Se escuchan gritos de “¡Carnal!”, “¡A huevo!” y “¡Viva México, cabrones!”; y me imagino que así deba ser siempre, o casi siempre, porque una banda que ha acompañado a Nervosa, Amon Amarth, Sodom y Dark Tranquillity, tiene que funcionar ante el público.

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Las canciones de los Catacráneo en Cuba pertenecen a su disco Sangre y Plomo, que lanzaron en 2017 a través de Terror Productions. Allí suenan “Karma”, “Anticuerpo Asesino”, “Cadáver” y “Pepe José”. En aquellos tiempos, como en los del Festival Patria Grande, Franco Neri era el baterista de la banda. Ahora las baquetas y platillos son de Dani Montiel, quien fue presentado hace apenas unos días y grabará el nuevo álbum del “terror de Monterrey”, Asesino.

“En esta vida hay que estar consciente de que cada etapa se cumple”, dijo el ex batería en sus redes. “La mía fue Sangre y Plomo, la de Montiel será la mejor de la banda. Ahorita estamos cada quien en su lugar: el mío es la profesión y el conocimiento; el de Montiel es la música, ¡¡¡¡y a chingarle!!!! ¡¡¡¡Hermano Montiel, enhorabuena!!! ¡¡¡Y a patear culos y cráneos!!!!

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El concierto del Pabellón casi termina, o al menos eso pienso por la hora. En unos minutos, Equidad Catacraneo le cederá el espacio a Tendencia, los pinareños del metal mestizo. Por el camino, he logrado fotos decentes. No ganaré un Pulitzer o saldré por la Metal Hammer, pero al menos tendré para recuerdos. Aún así, todavía falta una….

La banda baja de las tablas y los frikis le van arriba. Selfie por aquí, un abrazo por allá, un “empingao, carnales”… Mi socio Alejandro se acerca y les pide posar con los cuatro. “Hazme una foto ahí, asere”, me dice. Luego toca mi turno. Los cuates de Monterrey asumen sus poses brutales y me coloco junto a ellos. De la nada, un friki grita: “¡Oeee siiii, fotooooo!”, y le sigue una estampida con la que no contaba en mi “recuerdo”.

Un friki desconocido (después me enteré que su nombre es Felipe Ramos) dispara con flash y la gente se dispersa poco a poco. Me da tremenda pena pedirle a la banda una foto personal, así que recojo la Canon y regreso al concierto de Tendencia. Me río un poco por dentro, porque se me acaba de ocurrir una ides. Esa noche, en mi Facebook, ya sé qué texto irá con la imagen: “Los mexicanos de Equidad Catacráneo, yo… y un montón de gente rara que se coló en mi foto”. Todavía la veo y sonrío.

Junior Hernández Castro

La Habana (1997). Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista por azar, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Escribo un libro de memorias del rock en Cuba y aprendo ser profesor. Jefe de Redacción y Editor de Opía Magazine entre 2020 y 2021.

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