Más

    Editorial: La caída de los dioses y el ocaso del rock and roll

    por Junior Hernández Castro

    Este año, sin dudas, ha sido un fiasco mayúsculo: coronavirus, confinamiento, cientos de miles de muertes, desastres naturales, recesión económica y una lista que cada cual podría elaborar a su antojo. Para el mundo del rock, el 2020 ha sido más agrio que dulce: hemos tenido festivales online al precio de sacrificar conciertos en vivo, viejas bandas han regresado al ring en lo que otras otras tantas terminaron su carrera o sufren los estragos de la crisis, y las muertes inesperadas de nuestros ídolos nos dejan con la idea amarga que algunos vienen sospechando desde hace tiempo: el rock and roll está muriendo.

    Las bajas de Little Richard, Riley Gale, Chicho, Brent Young y Eddie Van Halen, junto a otros más o menos renombrados, han sido un balde de agua fría para los amantes de esa música; y, si se calcula el saldo de quienes han muerto no ya este año, sino en lo que va de siglo, nos asalta el pensamiento de que estamos viviendo en una nueva era para el rock: “el principio del fin”, dirían algunos.

    Quizás lo más triste de todo no es contar los que se han ido, sino pensar en los que tarde o temprano engrosarán la lista de ausentes. Ese es el castigo que parece que nos toca a los rockers, sin importar la edad o los gustos: el tiempo.

    Los más jóvenes (entre los que me incluyo) pertenecemos a una generación que mucho ansía haber vivido el auge de Los Beatles, el despertar del heavy o el surgimiento del thrash, y solo conocemos las historias por lo que hemos visto, leído, escuchado de otros… Ahora vemos caer a los remanentes de esa historia mientras nos preguntamos qué deparará el futuro. Los de la vieja guardia, que sí vivieron esas etapas, son testigos hoy del ocaso de sus ídolos y de cómo una parte de la banda sonora de su vida y del propio género, también muere cuando se van los Dio, Bowie, Lemmy, Chuck, O’ Riordan, Richard y Van Halen…

    Desde hace décadas, muchos son quienes han pronosticado el final del rock. No hay un grupo como Los Beatles o un disco como Dark Side of the Moon, ni un movimiento tan efusivo como el del punk en Inglaterra o el grunge en Seattle… Nuestros dioses sucumben ante la vejez, las enfermedades y las secuelas de sus vicios juveniles, mientras la industria musical sustituye la distorsión de las guitarras por los efectos digitales y los reality shows.

    La “época” del rock terminó, quién sabe cuándo… ¿Terminó el rock con ella?, cabe preguntarse. ¿Acaso muere un género cuando dejan de existir sus creadores o cuando la industria lo relega a otro plano. La cultura, enmarcada en su definición de “creaciones artísticas e intelectuales del hombre”, no es un ente estático ni mucho menos, y negar la inclusión del rock en ella sería pretender que no existe la gravedad.

    Claro que no es hoy lo que en una ocasión fue, y tal vez no tenga que serlo. La radio podrá dejar de pasar sus canciones, las grandes disqueras podrán prescindir de muchos artistas y nuestros héroes del escenario podrán retirarse o morir, pero hay algo que no parece variar. El complejo de “hierba mala”, esa capacidad de resistencia, mantienen vivo al rock, o, al menos, en un estado que desafía por siempre a la muerte. Mientras existan la rebeldía, el atrevimiento, las ganas de salirse de los moldes, habrá, de seguro, rock, punk, metal y compañía.

    Quizás no sea este un momento tan malo como se piensa, pues entre tanto artificio y producto cultural prefabricado, el rock tiene el potencial de erigirse una vez más como alternativa y válvula de escape para quienes estén dispuestos a tomar un camino diferente, que no será mayoritario, pero tampoco lo necesita. No rendirse en el empeño y nunca olvidar nuestros orígenes musicales, puede ser el mejor tributo a Eddie Van Halen y todos aquellos que, un día, tomaron la decisión que los llevó a donde llegaron.

    El rock no es para nada música casual: podrá gustar o no, pero llegó al mundo para convertirse en un clásico. Y si está muerto, como dicen algunos, no tiene demasiado que perder y sí mucho por (re)conquistar. En todo caso (y si así fuera), lo que está muerto no puede morir.

    La Habana (1997). Jefe de Redacción de Opía Magazine. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Intento escribir un libro sobre memorias del rock en Cuba.

    Junior Hernández Castro
    Junior Hernández Castro
    La Habana (1997). Jefe de Redacción de Opía Magazine. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Intento escribir un libro sobre memorias del rock en Cuba.

    Ultimos Artículos

    ¡Concierto de Fingerprint este viernes!

    La banda celebrará su aniversario en el Patio Colonial de la AHS.

    Anuncian gigantesco livestream en tributo a Alice in Chains

    Además de los propios Alice In Chains, también actuarán Metallica, Korn, Corey Taylor, Billy Corgan, Mastodon, Duff McKagan, miembros de Soundgarden y Jane’s Addiction, Mark Lanegan, Fishbone y muchos más.

    Revelan nominados a los Premios Grammy por mejor interpretación de metal (+ videos)

    Los resultados serán dados a conocer el próximo 31 de enero.

    Fallen revela primeros detalles de su disco Singularity

    La joven banda habanera se encuentra enfrascada en la producción de su debut discográfico en Puntal Records.

    Artículos relacionados

    7 COMENTARIOS

    1. Excelente reflexión. Sinceramente no tengo nada que agregar.
      Yo soy extremadamente positivista con el futuro del rock, pero ello no impide que no reconozca que aquellos días del genero para masas y el envidiable estilo de vida de los rockstars como los privilegiados de la industrian parecen ir quedando atrás, con eminente riesgo de volver.
      No obstante, mientras el rock/metal sigan siendo la famila de generos que siga ofreciendo absolutamente todo, desde música altamente técnica hasta simple pero con alma, obscura o feliz, con momentos para reflexionar o otros para pura adrenalina; mientras el rock siga siendo el único que ofrece todo aquello y mucho mas, yo seguiré emocionado ante un futuro promisorio para esta música que tanto amamos…..
      Saludos OPIA, excelente articulo!

    2. Amo esta revista por su calidad y rápido crecimiento. Gracias a su redacción.
      En mi opinión el Rock y el Metal no dejaran de existir porque una generación pierda sus idolos. Esos que hoy desaparecen le deben a sus predecesores y así en una cadena sin fin. Que nada se crea de la nada. Sobre la calidad,hace 20, 40 o 60 años hubo estrellas y mucho mediocre también. Asegurar que hubo un tiempo superior a otro a nivel creativo lo respeto pero no lo comparto. Que es recurrente también creernos que nuestro tiempo es el mejor, bueno, somos humanos. El verdadero melómano es, en su criterio, atemporal. Su pasión de antropólogo musical le impide ser radical o autolimitarse. Mirando al presente y futuro por fortuna son cientos de genios musicales que emergen cada dia y de cada confín del planeta elevando el nivel y prestigio de estos, entre los géneros más versátiles y seguidos en el mundo. Cada generación tiene el derecho y el deber de expresarse según su tiempo y cada uno sumará al panteón de los dioses, sus propios idolos.
      Una vez más Opia, Mil gracias por existir.

    DEJA UNA RESPUESTA

    Por favor ingrese su comentario!
    Por favor ingrese su nombre aquí

    Héctor Ramírez ( el musa) on La Reseña: Sex by Manipulation – Submission
    Hilberto Ivanovich on Cinco datos curiosos de Rammstein
    Dagoberto Pedraja. on El lado literario del rock (I)
    Javier Rodríguez Delgado on El lado literario del rock (I)
    Héctor Ramírez ( el musa) on La Reseña: Sex by Manipulation – Submission
    Hilberto Ivanovich on Cinco datos curiosos de Rammstein
    Dagoberto Pedraja. on El lado literario del rock (I)
    Javier Rodríguez Delgado on El lado literario del rock (I)