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    The Mamas & The Papas: vistazo a sus Grandes Éxitos

    Las compilaciones como “Grandes éxitos” o “Lo mejor de…” pueden ser una cajita de sorpresas. Lo mismo agrupan temas famosos al lado de otros, que uno se pregunta si es que sonaron mucho en Manchuria del Este, que prescinden de aquellos aún vivos en los recuerdos. Eso me sucede con este (y otros) compilados.

    No viví a plenitud la etapa de esplendor del cuarteto norteamericano The Mamas & The Papas: fui un chico en los sesenta. Pero, sin dudas, hubo canciones que pegaron tanto en su país como en Cuba, donde hasta la radio (¡vaya proeza!) programó algunas de ellas. En la memoria están, por supuesto, “California dreamin´” y “Monday, Monday”, ambas del LP debut en 1966. Era parte del sonido en la casa de mi infancia: aquellos conjuntos vocales que me fascinaban y que, con dificultad, lograron vencer la barrera de la censura y llegar al éter nacional: The Fifth Dimension, The Supremes, The Four Seasons, The Temptations, The Jackson Five.

    A mediados de los setenta, me regalaron un casete del grupo que, pasado el tiempo, presté y no recuperé más. La tecnología digital me permitió conseguir su material, incluyendo este de 1998 que, si bien no trae todas las que tenía aquella cinta, se aproxima bastante. Asociada la agrupación con el sonido de California, solo Michelle Phillips (1944) era de allí, siendo hoy la única sobreviviente. Su entonces esposo, John Phillips (1935-2001) venía de Carolina del Sur, Denny Doherty (1940-2007) era canadiense, y la inefable Cass Elliot (1941-1974) había nacido en Baltimore. Sin embargo, su sonido resumió la modalidad amable del rock en la Costa Oeste, entre psicodelia, experimentación, drogas, guitarras a todo dar, textos airados, amor libre y protesta social.

    The Wrecking Crew proporcionaba el impecable respaldo instrumental, redondeando la maravilla de su acople coral, en una corta trayectoria de solo 5 discos en estudio grabados entre 1966 y 1971. John fue el responsable de muchos de sus éxitos, como los dos que cité antes (en realidad “California dreamin’” tenía crédito compartido con Michelle) además de las melancólicas “Look through my window” y “Safe in my garden”, y como contraparte, las jubilosas “I saw her again last night” y “Twelve thirty” (con su memorable coro “young girls are coming to the Canyon”, aludiendo al asentamiento que capitalizó parte de la escena contracultural californiana), y compuso el himno hippie por excelencia, “San Francisco (be sure to wear some flowers in your hair)” que no apareció en el repertorio del colectivo, sino en el de su buen amigo Scott Mckenzie.

    También hicieron versiones de “Twist and shout” (del binomio Phil Medley y Bert Berns: por cierto, este último fue dueño de un bar en La Habana a fines de los 50), “It’s geting better” (de la pareja autoral Mann/Weil), “Glad to be unhappy” (Rodgers/Hart) y “I call your name” de Los Beatles. En ese sentido, y sin desdeñar las anteriores, me quedo con “Spanish Harlem” (de Leiber & Stoller), “Dream a little dream of me” y “Dedicated to the one I love”, estas dos últimas cantadas por “la gorda” Cass quien, con una bomba envidiable, las hizo suyas para siempre, junto a la festiva “Dancing in the streets” (de Marvin Gaye y compañía) que había inmortalizado antes la carrera de Martha & The Vandellas.

    Una de las piezas más curiosas fue “Creeque Alley” que relataba las peripecias de todos ellos en los días previos a la formación del grupo, cuando pugnaban por sobresalir en la escena musical al otro lado del país pasando (de manera literal) el sombrero tras cada actuación. “Go where you wanna go” la popularizaron también en Cuba el quinteto estadounidense Fifth Dimension y el trío español Los H.H. (que la grabó el mismo año de su salida).

    Retomando mi comentario inicial, sobre la incongruencia de algunas selecciones de éxitos, en esta de 1998 se agregaron “Dancing bear” y “No salt on her tail”, que nunca llegaron a los charts. Algo que caracterizó el trabajo de la agrupación fue que (a diferencia de otras con proyección vocal similar) no se apoyó en una sola voz solista: pasaron indistintamente de las femeninas a las masculinas, a veces usando una líder o aplicándose a fondo los cuatro.

    A señalar, asimismo, la pulcra concepción orquestal, sobre una base de folk rock. Esa vertiente brillante, ahora llamada con justeza “sunshine pop”, de melodías impolutas y pegadizas no tuvo émulos en la isla en su momento, ni al nivel interpretativo y mucho menos con esa fuerza autoral. Algún combo intentó acercarse a sus éxitos, pero sin sistematicidad. Los colectivos que podrían haber seguido ese camino (tomando en cuenta los formatos) no se acercaron ni de lejos.

    Despuntando los setenta el cuarteto terminó su carrera, y posteriores intentos de resurgimiento no contribuyeron a su historia. Pertenecían a los sesenta y allí se quedaron. Escuchar a The Mamas & The Papas pone a mis recuerdos en reversa: la escuela, el barrio, mis primeros intereses hacia la música como oyente. En la imaginación voy hacia atrás, percibo el olor de las tostadoras de café en las bodegas, visito los cines de a 50 centavos la entrada, programando viejos filmes hollywoodenses y producciones europeas de acción (antes de la avalancha de películas del CAME), las playas cercanas, las olvidadas rutas de guaguas que cruzaban todos los rincones de la ciudad con sus boleteros; las Navidades con mis abuelos maternos entre pan de centeno, jamón del diablo, golosinas, quesos, manzanas, nueces, avellanas y el trago favorito de mi madre, España en Llamas; el heladero con su carrito y su campana de aviso; los cercanos vecinos chinos con su tren de lavado y su puesto de viandas, el camión de expendio de botellones de agua potable y el lechero que iban casa por casa; las primeras pizzas que saboreábamos entre sorbos de Pepsi, Ironbeer, Materva y Canada Dry; Nocturno en antena. No era un contexto idílico: subsistían afectos y comenzaban los encontronazos.

    Sobrevivíamos en un mundo nacional, habanero, con virtudes y defectos que, sin que nos percatáramos, se desvanecía ante los nuevos tiempos que prometían mucho, y al final se quedaron en poco. Murieron unos, se fueron otros, quedaron menos. “All the leaves are brown and the sky is grey”. En mi memoria actual, y sin que ellos lo supieran, también a todo eso le estaban cantando entonces The Mamas & The Papas.

    La Habana (1959). Investigador especializado en la historia del rock en Cuba. Es autor de los libros El rock en Cuba, Hierba Mala: una historia del rock en Cuba y Parche: enciclopedia del rock en Cuba. Escribe la columna La Cuerda Floja, en la revista cultural El Caimán Barbudo.

    Humberto Manduley
    Humberto Manduley
    La Habana (1959). Investigador especializado en la historia del rock en Cuba. Es autor de los libros El rock en Cuba, Hierba Mala: una historia del rock en Cuba y Parche: enciclopedia del rock en Cuba. Escribe la columna La Cuerda Floja, en la revista cultural El Caimán Barbudo.

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