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    Scriptorium, el legendario fanzine cubano, vuelve a la carga siete años después

    por Junior Hernández Castro

    Para quien se interese por conocer sobre el movimiento del rock y el metal cubano durante los años 2000, el fanzine Scriptorium figurará no solo como uno de los principales bastiones en la promoción de los cultores nacionales, sino como el testimonio escrito de los acontecimientos más relevantes de la escena en la década: desde el ascenso y consolidación del metal hasta el cierre del Patio de María, la fundación de la Agencia Cubana de Rock y cuanto festival movilizara a las hordas frikis de Cuba.

    Editado por los hermanos Alex y Michael Sánchez, la revista Scriptorium se convirtió en toda una leyenda del underground nacional, y pese a estar ausente en los últimos siete años, muchos recuerdan sus artículos y ansían hojearla de nuevo. Por fortuna para ellos y para el rock hecho en casa, el zine estará de vuelta en este 2020 y con una visión renovada. A propósito del regreso, Opía conversa con Alex Sánchez, quien repasa a grandes rasgos la historia de este zine y explica qué será de él a partir de ahora.

    Alex y Michael, editores del zine, se establecieron en Estados Unidos desde 2013. Foto: cortesía del entrevistado.

    “La idea de hacer un fanzine comenzó por el año 1998, aunque la primera newsletter fue lanzada para el Festival Ciudad Metal de 1999″, recuerda Alex. “La redactamos, diseñamos e imprimimos a la carrera, y con ella nos fuimos hasta Santa Clara, sin la más mínima idea de cómo funcionaría. No recuerdo la cantidad exacta de copias que llevamos, pero creo que se vendió en unos tres pesos cubanos y los ejemplares volaron. No podíamos creerlo. A los rockers pareció gustarle y eso nos dio más ánimo”.

    “En aquellos tiempos había fanzines, pero hacían tiradas cortas: solo lo que los socios podían imprimir de favor. Nosotros siempre lo vimos diferente: teníamos que poderlo imprimir y distribuir, y, con lo recaudado, volver a imprimir la edición siguiente. Era la única manera de establecer una continuidad y periodicidad”

    ¿Qué preparación tenían quienes escribían el zine?

    Los únicos preparados profesionalmente eran quienes nos rodeaban y ayudaban. Los dos primeros diseñadores eran graduados del Instituto Superior de Diseño (ISDi), Maite era graduada de Informática y mi hermano y yo estudiábamos en el Pedagógico. En un inicio teníamos más ganas que recursos y preparación. Empirismo puro, jajaja… Donde sí teníamos más conocimiento era en las interioridades de la escena: sus fortalezas y debilidades, su necesidad de promoción.

    Scriptorium
    El fanzine Scriptorium comenzó como un proyecto con más ganas que recursos, asegura Alex. Foto: cortesía del entrevistado.

    ¿Qué criterios de selección tenían en cuenta para elegir las temáticas y agrupaciones?

    En un inicio todo lo que oliera a metal extremo encontraba pasaje directo a nuestras páginas. Después, con el tiempo, fuimos haciendo concesiones con la escena cubana porque, al final, grupos como Anima Mundi o Tesis de Menta era también subterráneos y tenían casi el nulo apoyo institucional de Congregation o Mephisto. Trabajábamos para llenar 40 páginas de información: tratábamos de hacer un balance entre los contenidos, siempre para que la escena cubana saliera ganando. En la medida que fuimos creciendo comenzamos a sumar estilos, cultores y temáticas que se acercaron en ocasiones a la crítica política.

    Por los ejemplares que pude tener en mis manos, noté que siempre tuvieron en cuenta tanto los festivales nacionales como las bandas de fuera de La Habana. ¿De qué forma lograban este alcance en una época en que no existían las condiciones tecnológicas de ahora?

    Nosotros siempre nos movíamos mucho hacia el interior de la Isla, buscando conciertos o festivales. Siempre estuvimos en contacto con las bandas y seguidores de las provincias, porque nunca quisimos que vieran Scriptorium como un fenomeno localista. Tratábamos de incluir la mayor cantidad de agrupaciones  del país y que los diferentes públicos vieran reflejados a sus músicos.

    El asistir a un festival no solo nos daba la posibilidad de reseñarlo y reencontranos con los amigos, sino que regresábamos cargados de material para la revista. Fuera de La Habana, el Scriptorium era más necesario. A veces, nos atrevemos a decir que era la única revista del género que leían. Es por ello que si ojeas las últimas ediciones, verás una larga lista de distribuidores.

    Algo cuestionado por los estudiosos de la cultura rock en Cuba (por ejemplo, Humberto Manduley y Joaquín Borges-Triana) es que muchas veces los fanzines tienden a sobredimensionar a las bandas y no ser autocríticos. ¿Crees que Scriptorium se haya librado de esa situación?

    Siempre hemos respetado esos grandes nombres que mencionas, al igual que a Juanito Camacho, Carlos Fornés y otros tantos, pero creo que Scriptorium fue un fanzine bastante aterrizado. En una primera etapa tal vez fuimos un tanto paternalistas con las bandas extremas (dígase death metal, black, doom, etc), pero en mi modesta opinión, después emparejamos la balanza en la base del respeto. Nunca nos dejamos llevar por el amiguismo a la hora de hacer una reseña o entrevista; de hecho, a veces dejaban de invitarnos a festivales porque no les gustaba los criterios que emitíamos. Al final nos libramos un poco. Creo que el trabajo se impuso.

    En sus inicios, los fanzines no estaban en la “cuerda” de los colegas que mencionas: géneros musicales totalmente encontrados con décadas anteriores. Debido a la ausencia de una revista de rock cubano, se les pedía a los fanzines que suplieran esa carencia, totalmente entendible. El fanzine como producto nació artesanal: lo que en su época se le llamó “corta y pega”. La mayoría vestía sus páginas de sonidos próximos a la escena underground. Nosotros copiamos ese concepto y lo fuimos modificando y adaptando a las exigencias cubanas. Creo que se nos fue de las manos y lo pedía a gritos. Hay que reconocer que el Ilusion zine y El punto G posteriormente ayudaron a la extensión de ese concepto. La maduración musical y el respeto a los cultores del patio aportaron lo suyo.

    Si bien comenzó más enfocado hacia el metal extremo, el zine después abordó otras tendencias del rock, aun cuando se conoce que el público cubano es difícil y muchas veces radical. ¿Cómo lidiaron con esa situación?

    Todo salía de forma muy natural y espontánea. Nosotros siempre nos movimos a lo largo y ancho de Cuba y encontrábamos propuestas interesantes que podian incluirse en el zine. A pesar del extremismo en un metalero, por lo general los que consumen metal tienen una cultura musical más amplia en cuanto a estilos, porque para entender una banda como Death o Tiamat hay que ir atrás, escuchar otros estilos para entender la música.

    Cualquier metalero extremo sabe quién es Dio, Black Sabbath, Deep Purple, Zeppelin, Pink Floyd…  Al final era un arquetipo que los fanzines solo reflejaran lo más extremo; y si bien en un inicio fue así, todo en la vida cambia y la idea a largo plazo fue colocar el zine en la mira de todos, en las manos de todos.

    ¿De qué forma las autoridades culturales cubanas asimilaron el crecimiento de Scriptorium?

    Éramos permitidos tal vez porque solamente imprimíamos unas pocas copias. Creo que mil copias fue lo máximo que pudimos producir en los últimos años. Aunque criticábamos la posición del gobierno con respecto al rock, el alcance era muy poco, casi ínfimo. Por eso se permitía, incluso, su venta clandestina. Entidades como las sedes provinciales de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) siempre nos tuvieron en cuenta para sus eventos: éramos como Jarock de Café, esa revista oficial que murió antes de nacer por la propia ineficiencia revolucionaria y la censura a la que era sometida.

    ¿Cuál dirías que fue la mejor etapa de Scriptorium y la de los fanzines cubanos?

    La mejor etapa de los fanzines cubanos fue cuando se celebró (no recuerdo si en 2004 o 2005) el primer evento Hojalata, en Sancti Spíritus, y el consiguiente Festival Rock de la Loma, en Bayamo. En ese tiempo, hubo decenas de promotores y colaboradores que escribían y publicaban por el rock o el metal. Y no todos eran de la Habana: muchos esfuerzos interesantes se hacian en las provincias y con menos recursos aún. No voy a mencionar nombres porque seria injusto que se me olvidara alguno.

    ¿Qué sucedió con el zine tras haber emigrado su equipo a Estados Unidos?

    A Scriptorium le agradecemos la posibilidad que nos dio de presentarnos en el festival SXSW de Austin, Texas, donde nos acompanaron tres bandas: Ancestor, Agonizer y Escape. Una vez que decidimos quedarnos en USA, todos atravesamos los momentos difíciles del inmigrante. Durante el primer año (2013), estuvimos muy cerca de volver a editar el zine o lanzar un sitio web, pero la mitad del equipo permanecía en Cuba y diseñar la revista o manejar la web era muy complicado. Después nos fuimos complicando con temas de trabajo, responsabilidades personales y reunificaciones familiares, y del zine se fue quedando solo el deseo de seguir haciéndolo.

    Residir en otro país involucra otra realidad, que está muy lejos de ser la tuya. El idioma es diferente y los vehículos promocionales están distantes de lo que puede funcionar en Cuba. El público meta cambia. Todo ello atenta contra el sentido que tenía Scriptorium para los cubanos. Ya no se puede ser local. Hay que buscar lo global.

    ¿Por qué regresar ahora?

    Ahora estamos un poco más estables en cuanto a horarios. Tenemos establecida una rutina donde podemos sacar algo de tiempo para hacer lo que realmente nos gusta, y con esto no digo que no me gusta mi trabajo a tiempo completo; es solo que realizar Scriptorium, estar en contacto con las bandas y público que ama este tipo de música es muy reconfortante. Además, creo que desde acá podemos ayudar más a las bandas cubanas, darle más promoción porque, al final, vivamos donde vivamos, somos cubanos, aunque “los que mandan” no entiendan eso… No tienes idea de cómo me puse el día que Zeus hizo aquel live en Cuba…, aunque el repertorio se pudo mejorar, jaja.

    ¿Qué visión tendrá el nuevo Scriptorium? ¿Cuánto se mantiene y cuánto cambia?

    El Scriptorium seguirá manteniendo los mismos enfoques musicales de su última etapa. Continuaremos apoyando a todas las bandas cubanas y denunciando los atropellos que se cometan contra el género y sus cultores. La visualidad cambiará debido al uso del color en sus páginas y tendrá un nuevo logotipo que refleje esta etapa. Debemos trabajar el doble porque lo haremos bilingüe. Al vivir en Estados Unidos, hay que redactarlo también en inglés para poder captar nuevo público.

    En cuanto a los canales, tenemos habilitado nuestro correo scriptorium.mag@gmail.com y actualizaremos la página de Facebook y el sitio web con todas las novedades. También, mantendremos las tiradas en español para nuestros seguidores en Cuba y de habla hispana. Veremos la posibilidad de entrarlo y distribuirlo en nuestro país. Viajar y presentarlo allá sería algo extraordinario… No hay un maldito día de esta vida que no soñemos con ese momento.

    Junior Hernández Castro
    Junior Hernández Castro
    La Habana (1997- ): Jefe de Redacción de Opía Magazine. Periodista de formación, fotógrafo a medio tiempo y rockero sin fronteras. Intenta escribir un libro sobre memorias del rock en Cuba.

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    4 COMENTARIOS

    1. Sin duda alguna esta ha sido una de las pocas noticias buenas de este año! Mi mejor deseo y buena voluntad para los twins que vuelven a la carga! Imposible olvidar lo mucho que nos ayudó a darnos a conocer el Scriptorium. Éxitos!

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