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    Reyna Arias: la voz del power metal (+ video)

    por Junior Hernández Castro

    Diez años más tarde, mientras la oscuridad del Maxim Rock cubría su llegada al escenario, Caridad Reyna Arias recordó las veces que sus amigos frikis la comparaban con Tarja, la vocalista de Nightwish, y ella los miraba escéptica (como con cara de “están todos locos”), y les decía “¡qué va!”, porque aquella mezcla entre la música popular y el canto lírico de sus estudios no le hacía demasiada gracia.

    Pero Reyna, quien tenía el presentimiento de un futuro atado a una “cuerda rara”, terminó en una todavía más atípica, pues desde hace par de años les dio la razón a sus socios y entró como cantante en Saloma, un grupo cubano de Celtic power metal que aspira hoy a competir por un cupo al festival metalero más importante del mundo: el Wacken Open Air. A propósito de este logro, Opía conversa con la cantante holguinera sobre sus inicios en la música, su trayectoria y su papel en la creciente notoriedad de la banda. Le preguntamos, entonces, de dónde viene y hacia dónde va…

    Reyna Saloma
    Reyna Arias es la vocalista de Saloma desde 2018. Foto: Tomada de Facebook.

    “A pesar de no haber podido acceder a escuelas de arte ni nada por el estilo, siempre estuve vinculada a todo festival de aficionados que puedas imaginar”, cuenta. “Pero ya a los veinte años conseguí entrar en la facultad del Instituto Superior de Arte en Canto Lírico y consideré dedicarme como profesional. En ese tiempo integraba una gran banda, The Royal Bakunin Orquestra, que estuvo activa en Holguín entre 2009 y 2013. Hacíamos rock, blues, country, con mucha experimentación. Era un grupo grande, con catorce miembros y el formato clásico del rock más cuerda de metales… Estuvimos nominados al Festival Cuerda Viva del 2012 y participamos en varias antologías, pero el fatalismo geográfico nos mató…”

    ¿Qué pasó?

    Todo iba caminando bastante bien, pero en Holguín, el Instituto de la Música dijo que no entendían nuestro sonido”, no solo porque estaba en inglés, si no porque era demasiado complicado… Finalmente, en lo que llegaba una apelación para conseguir el estatus de profesionales, la banda se desintegró… Son las desgracias que ocurren en provincia.

    O sea… ¿que para ser profesionales debían tener otra agrupación con música diferente?

    Exacto. O pagar por la audición… Eso nos marcó terriblemente a todos, y yo, que en ese tiempo estaba en el tercer año del ISA, decidí terminar mi carrera sin involucrarme en más proyectos. El grupo al menos dejó bastante música registrada, así que no quedó en el olvido… Por mi parte, sabía que mi camino en la música venía por esa cuerda rara…

    ¿Qué ocurrió después?

    Al terminar la universidad comencé a trabajar en el Teatro Lírico “Rodrigo Prats”, de Holguín, una de las tres compañías cubanas de ópera y con una formación muy completa en cuanto a canto, coreografía y actuación. Pero en mi caso, siempre me interesó formar proyectos en los que no solo sea una intérprete, sino que pueda participar en la composición… Así, cuando viajé hacia La Habana para seguir mi servicio social en el Teatro Lírico Nacional, comencé a buscar trabajo en bandas.

    Por razones económicas, y paralelo al coro, me integré algunos meses a un grupo de covers, pero me sentía demasiado frustrada por no poder componer… Es muy triste que lugares como el Submarino Amarillo y la Fábrica de Arte Cubano potencien sobre todo los covers. Son estructuras de las mismas instituciones que limitan la creación artística… y nada… me “fundí” tanto que decidí poner un anuncio en revolico.com, a ver qué salía de ahí. Me sentía como una motherboard o un teléfono, pero había que probar.

    Recibí llamadas de varios músicos, pero al conocer a Tony y escuchar del proyecto me dije: “¡Qué va! ¡Tengo que entrar ahí, con esos ‘góticos’!” Porque claro… consumía mucho de rock y música experimental, ¡pero nadaaaaaa de metal! Todo lo que fuera gótico y vestido de negro… jajaja… Pero la idea de que no cantaran covers me sedujo completamente, y aquí estoy. Mi primer concierto fue en el Cine Avenida, el 21 de abril del 2018, y cuando llegué con mi lírico extremo y la locura del blues, cambió mucho la concepción de los temas.

    ¿En qué sentido?

    Lo primero fue la introducción los arreglos corales, que ahora son parte de nuestro sello. También he ayudado a los demás músicos a mejorar el canto, porque mi aspiración es lograr coros a cuatro o cinco voces. Lo lírico, al final, no me abandona… En el grupo ya tengo a la tecladista, Amanda, y al violinista, Raulito, haciendo coros cada vez más complejos.

    Una de las cosas que me encanta del grupo es la capacidad de liderazgo de Tony, quien nos da muchas libertades creativas y nunca deja que prime el ego. En cuanto a la creación, ahora participo en la creación de las letras, buena parte de las líneas melódicas y los arreglos en las voces.

    ¿Te has nutrido entonces de las influencias del metal sinfónico?

    He escuchado los imprescindibles: Nightwish, Epica, Within Temptation, pero te confieso que no puedo evitar mis Alice in Chains y Radiohead, por no decirte otros del grunge y (aunque de pena decirlo) ídolos femeninos del pop como Christina Aguilera o la misma Amy Lee, que para algunos es metal, pero para otros es pop.

    La del metal ha sido casi siempre una cultura con segmentaciones por estilo y dominada por hombres, y aunque existe hoy una presencia creciente de mujeres en la escena cubana, como Mercedes, de Némesis; Marta, de From the Graves; o Rosario, de Nergal; me imagino que abunden los retos…

    Sí. Es un género en el que puede que no te tomen en serio, se fijen en ti solo “estás buena” o no te presten atención por no cantar guturales. Francamente, como no me considero una “cantante de metal”, siempre he estado dispuesta a romper todos esos estereotipos. He tenido la fortuna de que en Saloma todos nos protegemos y por eso no he sentido jamás un trato diferente en el grupo por ser mujer o porque Amanda, la tecladista, sea mujer y pequeñita. Trabajamos duro, tanto o más que los integrantes masculinos, porque, eso sí, las encargadas de la imagen y la parte escénica más fuerte en el grupo somos nosotras.

    Hablando sobre imagen y proyección, ¿qué se siente en lo personal poder aspirar al Wacken Open Air, teniendo en cuenta que gran parte del peso en una banda lo lleva quien canta?

    Es una presión enoooorme… por la parte vocal, por la escena, la conexión con el público… elementos que inevitablemente son responsabilidad del cantante y por tanto hay que estar a la altura. Sinceramente, me siento muy preparada, como si lo hubiese estado esperando desde hace mucho tiempo. No como ” el sueño de mi vida”, sino como algo que debía llegar por el esfuerzo del trabajo bien hecho. No sé hasta dónde avanzaremos, si nos quedaremos en la batalla regional o iremos más allá… pero creo que tanto nosotros como Treatment Choice estamos en este punto gracias a la disciplina y el sacrificio. Nada cae del cielo, y es lógico pensar que, a grandes sacrificios, grandes logros…

    ¿Y ese “sueño de mi vida”? ¿Existe?

    No es muy original… Creo que casi todos los músicos lo tenemos: es estar frente a una multitud que canta tus canciones junto a ti… Tener ese intercambio de energía con el público lo es todo para mí. Me gustaría tenerlo mucho… Es como una droga, nunca es suficiente. Mi sueño de la vida sería ese: tener ese flujo de energía con el público, y que dure para siempre.

    La Habana (1997). Jefe de Redacción de Opía Magazine. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Intento escribir un libro sobre memorias del rock en Cuba.

    Junior Hernández Castro
    Junior Hernández Castro
    La Habana (1997). Jefe de Redacción de Opía Magazine. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Intento escribir un libro sobre memorias del rock en Cuba.

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