Fingerprint: cómo armar una banda

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Los jóvenes de Fingerprint también dejan sus destellos con una sonoridad grunge. Foto: Facebook.

Por Boris Luis Alonso Pérez

Aquella noche fría de febrero del 2018, supe desde el primer acorde, que era el último concierto de The Missing Name. Unos cuantos covers, y adiós… Desde que desenchufé la guitarra eléctrica, ya estaba pensando en el siguiente paso, en cuál sería mi próximo proyecto.

El último en unirse a mi ex banda, fue Frank Amé. Un flaco raro de Versalles, con un extraño talento para sacar a la gente de quicio, y un amor único por la música. Llegó, pidió prestado el micrófono y después no hubo manera humana de quitárselo de las manos. Así que lo llamé. Contándome a mí, éramos dos. Ya tenía la mitad del trabajo hecho. Mi idea era montar un formato pequeño, el clásico: vocal, guitarra, bajo y batería.

El siguiente paso fue la batería. La opción que más nos gustó fue el ex baterista del grupo Stone Road. Además de ser una cara conocida en el mundillo del rock and roll matancero, le sobraba talento y ganas de tocar. Cuando Jose nos dio el sí, supe que esta vez iba por el buen camino.

Para el puesto de bajista, ya habíamos estado siguiendo a un muchacho de preuniversitario, igual que yo. Se llamaba “El Oso” aunque en su carnet de identidad pusiera “Daniel”. Flaco, su tono de piel está justo en el medio de la línea que separa a los mulatos de los trigueños y si lo miras fijamente te da la impresión de que su mente está en una dimensión diferente. Pero parece que nació con un bajo en las manos.

Al Robert, el otro guitarrista, lo encontramos por casualidad. Él era novio de Rosmery, la bajista del conocido grupo Médula, y había colaborado con ellos, pero no tenía banda. Un amigo nos los recomendó, y lo llamamos para coordinar un ensayo.

Llegamos de uno en uno al Patio (así se le llama cariñosamente a la sede de la Asociación Hermanos Saíz en Matanzas). Montamos la batería, conectamos las guitarras y el bajo, y dejamos todo en punta. Luego nos miramos entre nosotros como preguntándonos “¿y ahora qué?”. La canción elegida fue “Nighthunter”, con letra Frank y música de mi autoría.

En el momento justo en que terminamos la canción, ya sabíamos que éramos un grupo. José Carlos nos bautizó como Fingerprint sin que mediaran muchas razones. De la misma manera lo escogimos a él como director de la banda.

Tocar en el Olimpo

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Los jóvenes de Fingerprint muestran sus destellos con una sonoridad grunge. Foto: Facebook.

El género en el que decidimos desarrollar nuestra música, fue el grunge, y el post-grunge: inspirados en grupos como Nirvana, Nickelback y Pearl Jam. Lo importante era lograr un sonido propio y distanciarnos de la tendencia del resto de grupos de la provincia de optar por un rock más pesado.

El 18 de noviembre de 2018 fue nuestro primer concierto en el Patio. Ya teníamos un repertorio de canciones propias y unos cuantos covers montados. El modesto público que nos dio la oportunidad de tocar para ellos, agradeció nuestro trabajo y nuestra energía.

A partir de ese momento todo fue muy rápido. La AHS nos asignó un horario para nuestros ensayos, el grupo matancero Blood Heresy nos invitó a su peña semanal y Médula nos dio un espacio para tocar en el Maxim Rock de La Habana. Pero nada de eso nos pareció suficiente. Nosotros teníamos los ojos puestos en el Festival Atenas Rock.

El Atenas, como le llamamos cariñosamente al festival, es el Olimpo del rock matancero. En el mes de julio, durante todo un fin de semana, bandas de toda Cuba vienen a darlo todo. Ese año, los conciertos principales se celebrarían en la playa de Buey Vaca. El invitado especial era el grupo Zeus, y cerraría el evento Rice and Beans. Ganarse un espacio entre tanta buena música, no sería tarea fácil.

Nos pusimos las pilas y para junio nos informaron que tocaríamos en el festival. Lo que sería en el Patio, en un espacio alternativo, en conjunto con otras actividades. El primer día del Atenas, nos tocaba tocar por la tarde. Así que unas horas antes, ensayamos en mi casa. De repente sonó el celular de Jose Carlos, y la cara se le hinchó como un globo: “Nos pasaron para Buey Vaca, somos la banda que inaugura el festival”.

La primera reacción fue la falta de reacción. Nos quedamos tiesos, en silencio mirándonos unos a los otros, como en la primera vez que tocamos juntos “¿y ahora qué? Y como la vez anterior, todos miramos a Jose Carlos. Nuestro director cuadró una máquina, cargamos todo para su casa y apenas logramos estar a tiempo para el concierto.

El público era de alrededor de doscientas personas, pero desde arriba del escenario, con las luces en la cara, parecían dos mil. Miré a Robert como buscando seguridad en los años que me sacaba, pero creo que ni él estaba muy seguro. Oso lucía tranquilo, pero no levantaba la mirada del bajo. Al final Jose marcó el ritmo con las baquetas y Frank agarró el micrófono: “buenas noches Atenas, somos Fingerprint…”

Sabado 27
Fingerprint estuvo presente también en el Atenas Rock 2020, efectuado de manera virtual. Diseño: Alejandro Nieto/Opía Magazine.

Surgida en abril de 2020, Opía es la revista de los rockeros y metaleros cubanos. Compartimos noticias, entrevistas, reportajes, curiosidades y mucho más sobre el rock y el metal en todos sus estilos.

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