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    Humberto Manduley: “Habrá rock para un buen rato” (III)

    Mientras repasa los últimos treinta años de la historia del rock en La Habana, el autor de los libros de referencia sobre el género en Cuba reflexiona acerca de los principales conflictos en torno al rock y cómo el estilo ha sobrevivido en un ambiente muy poco amigable. En esta tercera entrega, conversamos sobre la Agencia Cubana de Rock, la identidad del movimiento y los principales problemas de la escena.

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    Humberto Manduley conversa con Opía sobre la actualidad del rock cubano.

    por Junior Hernández Castro

    ¿Cuán importante fue la fundación de la Agencia Cubana de Rock?

    Creo que lo más importante fue que le dio visibilidad y reconocimiento institucional a un segmento del rock, profesionalizando agrupaciones y gestionando actividades en su sede. Diría que ese fue el lado positivo. A su vez, generó un cisma entre los grupos pues, aunque la Agencia se asume como una entidad nacional, no tuvo representatividad fuera de La Habana, lo cual conllevó un alud de críticas. Por otro lado, no conviene olvidar que, para los efectos legales, si una banda está fuera de la Agencia o de los diversas centros y empresas profesionales, prácticamente no existe, o implica una existencia muy azarosa en todos los sentidos. Así que, en algunos aspectos, la creación de la ACR devino un arma de doble filo con la cual aún se está lidiando.

    Entonces no considera que resolvió las problemáticas respecto al rock…

    Depende de las problemáticas de cada quien. Si alguien quería tocar y que le pagaran un sueldo por eso, la Agencia cumplió su cometido para él. Pero, como apunté antes, pienso que hay muchos más problemas que solo recibir un salario, o tener un lugar donde presentarse con facilidades tecnológicas.

    ¿Cómo valora la gestión de la Agencia hasta el momento?

    Creo que ha hecho bastante, tomando en cuenta sus limitaciones generales, los conflictos internos por los cuales ha atravesado, y el contexto social actual. Pero las expectativas casi siempre suelen ser superiores. De todos modos, esa es una respuesta que deberían dar los músicos, tanto los que la integran como los que no, pues todos, de un modo u otro, han tenido que enfrentar sus pros y contras. Pero, en general creo que ha sido un saldo positivo, si se compara con lo que existía antes.

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    Ya que menciona los cultores, ¿cree que podamos hablar de un rock cubano o solo de rock hecho en Cuba?

    La trampa está en el significado que se quiera dar a esos calificativos. Habría que intentar definir qué se entiende por «rock cubano» pues, en todo caso, lo de «rock hecho en Cuba» queda más o menos claro. La etiqueta «rock cubano» tiene muchas aristas y genera bastante controversia. Sería tema para la musicología y la antropología tratar de llegar a un consenso en torno al término, pero ni siquiera así se podría garantizar unanimidad ni reconocimiento por parte de los mismos que lo cultivan. Por una cuestión pragmática, prefiero hablar de «rock en Cuba».

    ¿Considera que el rock ha enriquecido o distorsionado nuestras tradiciones musicales?

    Depende del punto de vista de cada quien, pues hay puristas en ambos bandos. Creo que, en la mezcla del rock con algunas tradiciones musicales del país, no siempre los resultados han sido óptimos. Pero imagino que quienes lo han hecho piensen de otra manera. Tampoco hay muchos ejemplos de esa fusión: las bandas en Cuba tienden a mirar más hacia afuera a la hora de buscar referentes.

    Un fenómeno interesante de este siglo es la fiebre creciente de las bandas que interpretan versiones, cuyo trabajo rivaliza en cantidad de seguidores y apoyo institucional a los artistas con repertorio propio. ¿Qué factores han propiciado esta situación?

    Antes de responderte, debo aclarar que el acto de hacer versiones ha estado siempre presente en la música, y el rock no ha sido ajeno a eso. A nivel internacional existen bandas-tributos e incluso se hace la revisión total de determinados discos. En Cuba siempre existieron grupos dedicados a eso.

    Las ganas de tocar versiones no desaparecieron del todo, ni entre los músicos, ni entre el público. Entonces, cuando en los últimos años se abrieron sitios (gastronómicos) tolerantes a la presencia del rock, y existiendo un público solvente desde el punto de vista económico (que, además, por edad, había vivido gran parte de las represalias por escuchar esa música) es lógico que algunas agrupaciones se volcaran a intentar copar ese nicho de audiencia. Opino que hay grupos que lo hacen por afinidad artística en primer lugar, y otras lo hacen para garantizarse la supervivencia.

    Submarino Amarillo¿Y esa vuelta al punto cero no perjudica al desarrollo del rock nacional?

    Para saberlo, habría que determinar qué se entiende por rock nacional. ¿Es toda la gama de opciones que admite esa música, o solo unas cuantas? Porque para mí, el cover no es ni más ni menos que una de ellas. En concepto de arte, tocar la música de otros no debería verse como una renuncia a lo nacional, porque entonces habría que preguntarse cuál es el rol de las orquestas sinfónicas, cuyos repertorios se conforman por una mayor presencia de obras extranjeras. ¿Se acusa a estas agrupaciones de perjudicar el desarrollo del sinfonismo nacional? Entonces, creo que se puede dejar en paz al rock con sus versiones. ¿Qué la reproducción indiscriminada de covers no implica la creación de material propio, y por tanto no se genera un producto estrictamente nacional? Es muy posible. Pero mientras los músicos no entiendan eso (o no les interese) y mientras las circunstancias no sean idóneas, habrá que ver a esa zona del rock (los covers) como una parte más de toda la escena.

    ¿Por qué cree que se apoye tanto?

    En realidad, no creo que «se apoye tanto». Las instituciones culturales financian festivales, discos, eventos, en todo el país, le dan un apoyo (mayor o menor) y rara vez admiten covers. Los grupos de covers sobreviven en sitios estatales o privados, con una audiencia limitada. Hay que tomar en cuenta el factor económico, donde hoy se exige una rentabilidad que casi nunca se consigue a base de material propio, y ya ahí entra a jugar su rol el público. Mi experiencia no es amplia, pero en los últimos años, cuando me he acercado a un concierto de una banda con material propio, la escasez de público salta a la vista, incluso en eventos que son gratuitos. Así que, no pienso que, desde el Estado, haya un apoyo mayor hacia los grupos de covers.

    Otra preocupación de artistas y público es la tendencia al decrecimiento de la escena de rock, evidenciado en la pérdida de convocatoria y el menor número de espacios de creación. ¿Qué ha sucedido en este siglo con respecto al anterior que ha desembocado en la crisis actual?

    En los noventa había más dispersión, porque el rock no estaba centralizado. Nadie se hacía cargo oficialmente de él, así que eran muchas voluntades independientes trabajando y buscando espacios y soluciones a la vez. También influyó que los grupos no eran tan exigentes como ahora en cuanto a condiciones logísticas y técnicas. Sin embargo, el hecho de concentrar bandas en la Agencia y que esta se encargue de armar las programaciones, así como disponer de un espacio oficial, el Maxim Rock, es lo que ha llevado a que otros espacios de La Habana (dígase casas de cultura, Pabellón Cuba y anfiteatros) se cierren al rock.

    La pérdida de convocatoria es palpable, y desconozco las razones, pues sé que los grupos (al menos, la mayoría) se esfuerzan por ofrecer lo mejor que pueden. Algunos se quejan del aumento de los precios (no sólo en las áreas de la cultura: la vida entera se ha encarecido notablemente). Pero ni siquiera los eventos libres se llenan, salvo que se trate de alguien de renombre internacional, como Rolling Stones, por poner un caso. Hay una abulia manifiesta en el público, un cambio de paradigmas quizás… Trabajo para los sociólogos nacionales del rock.

    Además de las dificultades económicas y las presiones gubernamentales, es un hecho que ha faltado unidad y sobran prejuicios internos en el movimiento de rock cubano. ¿Se logrará en algún momento tener una escena cohesionada donde bandas de diversos estilos puedan coexistir, o son demasiadas las diferencias?

    ¿Y quién quiere una escena «cohesionada»? ¿Para qué? ¿Qué significa esa “cohesión”? ¿Se sabe si los cultores de un estilo quieren estar «cohesionados» con los exponentes de otros? ¿Los punkies quieren estar «cohesionados» con Anima Mundi? ¿Combat Noise quiere estar «cohesionado» con los grupos que fusionan el metal con rumba? ¿Cuál sería la ganancia de esa supuesta cohesión? En lo personal, no creo haga falta para nada. Soy partidario de la libertad creativa, sin necesidad de homogenizar una escena.

    Combat Noise

    ¿Hasta qué punto el rock cubano ha sido contestatario o antisistema? Más bien, ¿ha tenido el rock nacional alguna ideología definida?

    En mi percepción, el rock es solo uno de los reflejos de la sociedad y del sector etario que se asocia con él, casi siempre juvenil, aunque ya hay varias generaciones que comparten el gusto por esa música. Como reflejo social, el género en Cuba ha asumido clichés que van de la indiferencia al oportunismo, con todo lo que quedaría en el medio.

    No creo que el rock tenga como objetivo último ser anti-algo. Pero, contestatario, lo que se dice contestatario… salvo Porno Para Ricardo, y esta o aquella canción de tal y más cual grupo, no creo se pueda rastrear indicio alguno de esa línea. Pienso que el rock cubano, como manifestación artística, es apolítico, aunque eso sea también una actitud «política» en un país donde todo, desde el deporte hasta un batido de mango, pasen por los infinitos filtros de la política.

    Una demanda de los seguidores del rock nacional siempre ha sido la mayor presencia de las bandas y su obra en los medios. ¿Por qué no se cumplen las expectativas del público?

    Influyen muchas causas. Así como en los medios hay personas capacitadas para promover el rock (al margen que lo hagan por afinidad estética, faranduleo o inercia) hay también desconocimiento, desinterés, subestimación, apatía. Hay reticencia institucional para apoyar la difusión de esa música, sobre todo de la concebida internamente en el país. Para muchos, es más fácil opinar sobre artistas extranjeros, y es a lo que se dedican, salvo que se vean presionados a hablar, escribir o promover material nacional. Además, tampoco hay que olvidar a los fanzines que, si bien en los 90 fueron vitales (más allá de esta o aquella divergencia conceptual) hoy no son ni la sombra de lo que se hizo antes, distan de ser autocríticos, embotaron cualquier actitud polémica y ahora parecen solo interesados en divulgar lo que ocurre afuera. Lástima…

    ¿Por qué cree que las pocas investigaciones sobre rock realizadas desde Cuba se interesan más por el estudio de lo foráneo?

    Es más fácil hablar sobre alguien del exterior (que no podrá reclamar nada, y ni siquiera se va a enterar, si la crítica es mala, por ejemplo, ni le va a reportar algo bueno, si es buena). En alguna medida esa predilección por lo foráneo se trata de justificar con el hecho —verídico— de que en Cuba no ha existido históricamente una difusión sostenida de esa zona del ámbito rock. Por otra parte, muchas veces esos mismos que hablan del rock internacional, no conocen mucho sobre la escena en el país. Además, apenas hay fuentes documentales fidedignas a las cuales acudir para realizar una investigación. Ignoro cuál es la postura de la academia ante este déficit y, de hecho, ante esta música gestada en el país y todo su entorno sociocultural.

    Hasta el momento tiene publicados tres libros sobre la historia del rock en Cuba. ¿Cómo ha trascurrido el proceso de negociación con las editoriales, dado el desinterés general en torno al tema y su estatus de investigador independiente?

    Después de una serie de 24 programas sobre la historia del rock nacional en Radio Ciudad de La Habana, me decidí a trasladar esa experiencia a un libro. Cuando creí haber acumulado suficiente material en mi investigación (que, más tarde me di cuenta, era apenas la punta del iceberg) lo presenté como propuesta al Instituto Cubano del Libro, a fines de 1996. Me dieron luz verde y demoré algo más de un año para escribir el texto. Lo entregué en junio de 1998 y empezó un lento, aunque implacable proceso de peloteo. Desanimado, lo retiré a fines de 1999, y tiempo después, un amigo sugirió probar suerte en Ediciones Musicales Atril, que funcionaba como parte de Abdala, donde Noel Nicola (a quien ya conocía previamente) estaba al mando. Noel lo aceptó y todo se hizo bastante rápido, gracias a su gestión y a la del editor Manuel González Bello. Finalmente, El rock en Cuba se presentó en la Feria del Libro de 2002.

    Parche

    Una década después, ya residiendo en México, mi esposa me insistió que retomara el proyecto, así que reescribí ese primer libro en casi un 80%, lo actualicé y corregí los errores de la primera edición. El resultado fue un libro, basado en el anterior, pero suficientemente ampliado como para valorarlo como algo nuevo. Dadas sus proporciones, lo separé en dos volúmenes independientes y complementarios. Hierba Mala: una historia del rock en Cuba —título original que la editorial no había aceptado en su momento— es una especie de ensayo cronológico e histórico desde 1956 hasta 2013; mientras Parche: enciclopedia del rock en Cuba, es una recopilación de breves fichas biográficas y fotografías de los intérpretes hasta 2015.

    Después de sacarlos de manera independiente y autofinanciada a través de NialaNai, propuse ambos textos a sendas editoriales cubanas (Ediciones La Luz y Casa Editora Abril), que los publicaron en 2015 y 2019, respectivamente. Mi interés principal era que el público cubano, su lector natural, accediera a ellos. Así se concretaron versiones nuevamente corregidas, ampliadas y actualizadas para el territorio nacional. Pese a no entender sus mecanismos de comercialización en el país, tengo entendido que la edición cubana de Hierba Mala está agotada, y Parche se presenta y distribuye ocasionalmente en festivales y eventos con un perfil afín al género, aunque de manera bastante caótica.

    De todos modos, siempre aclaro que se trata de un hobby, puesto que no me dedico a eso (estoy desempleado) y que es una investigación que nunca termina. Sigo recopilando información, fotos y cualquier material relacionado con el rock en Cuba, enfocándome y analizando otros puntos de vista, aprendiendo sobre la marcha.

    Teniendo en cuenta que el movimiento del rock nacional comenzó a adquirir una identidad a partir de los ochenta, ¿cuáles serían a su juicio los hechos o momentos más importantes para la evolución del rock en La Habana desde esa fecha hasta el presente siglo?

    Pondré algunos, sin un orden de prioridad o importancia: la labor de Venus; la existencia del Patio de María; la creciente proliferación de festivales a nivel nacional, incluso en ciertos casos con representación foránea. También el trabajo de los fanzines como medios independientes de divulgación y contrapartida a la nulidad editorial institucional; la sucesiva profesionalización de bandas en distintas empresas artísticas (como preludio a la posterior creación de la Agencia), y la diversidad estilística existente en la mayor parte de los años 90, así como los incipientes ejemplos de una discografía general.

    ¿Y los obstáculos?

    El desconocimiento crónico por parte de los funcionarios que se supone deben apoyarlo, los prejuicios sociales acumulados por años, las broncas internas entre las agrupaciones, la paulatina pérdida de interés entre el público, la ausencia de debate y análisis; los cortapisas para la libertad creativa, y el encasillamiento conceptual de muchos cultores y seguidores.

    ¿Qué importancia le concede a la promoción de rock internacional?

    La necesaria para mantener actualizado al interesado nacional. En una actualidad, donde las interconexiones son el pan nuestro de cada día, es perjudicial vivir de espaldas al mundo.

    ¿Y a la nacional?

    La indispensable para garantizar un apoyo, y hacer valer su existencia. Sobre todo, entender al rock hecho en Cuba como parte del patrimonio cultural de la nación.

    ¿Cómo vislumbra el futuro del rock hecho en el país?

    No soy oráculo, pero creo que su capacidad de sobrevivir en un medio hostil o poco amigable está más que demostrada. Así que me gusta pensar habrá rock para un buen rato más. No obstante, su supervivencia está atada a las condicionantes que determinen el futuro de la sociedad civil nacional, con todo el tira-y-afloja que se está viviendo hoy y que marcará en gran medida lo que sucederá mañana.

    humberto manduley

    Después de cuatro décadas de investigación, ¿qué significa en lo personal estudiar la historia del rock en Cuba?

    Fue, es y seguirá siendo un hobby, apasionante y complejo, pero hobby. Nunca he vivido de eso, aunque le he dedicado más de dos tercios de mi vida. Tampoco jamás he contado con el apoyo de ninguna institución cultural cubana, lo cual me ha dado la ventaja de la independencia, aunque a la vez signifique cierto hándicap.

    Es un hobby difícil por la cantidad de historia irremediablemente perdida, más otro montón de percances que entorpecen el camino. Pero lo asumo como mi manera de reconocer y agradecer a las personas que han hecho esa música en Cuba.

    ¿Cuánto falta por estudiar?

    Creo que mucho, y desde diversos ángulos: musicología, sociología, historia, estudios culturales. Son aristas y eventos muy distintos, que requieren miradas diferentes. Sin embargo, no veo a las academias muy interesadas en el tema. Quizás es que, en verdad, no es interesante. ¿Quién sabe?

    Tampoco percibo mucha motivación por parte de músicos, promotores y público. Pienso que lo poco que se está estudiando responde a decisiones individuales de las personas que lo asumen, más que a una intención motivada por las escuelas u organismos de la cultura.

    Y a usted, ¿qué lo motiva?

    El hecho mismo de que la historia se sigue haciendo día a día y el pasado necesita ser rescatado. Por demás, es difícil renunciar a un pasatiempo de tantos años, así que aquí sigo, perseverando.

    La Habana (1997- ): Jefe de Redacción de Opía Magazine. Periodista de formación, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Intento escribir un libro sobre memorias del rock en Cuba.

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