Daniel González: “El rock es una forma de vida”

Daniel González Ruíz, baterista cubano de la agrupación de Eddy Escobar, defiende un género musical que representa valores que han trascendido en el tiempo. “A mí en lo particular, me alegra muchísimo ver a los jóvenes cantar a todo pulmón Let it be”

Danielito sale corriendo de su secundaria a las 10:00 am solo dos cuadras lo separan del paraíso. Este es una terraza en la esquina de 31 y los pinos, en Cojímar. Como cada mañana la banda Los Micros ensaya su repertorio de covers. El riff de las canciones de Led Zeppelin, Los Beatles y de cientos de baladas de rock retruenan entre sus muslos y manos, mientras sueña con ser baterista.

Hoy, cincuenta años después, regresa al lugar donde todo comenzó. Aquella terraza, ahora vacía y desolada le retumba en la memoria y observa cada rincón como si la melodía aun reinara allí. “Cuántos recuerdos me trae este lugar”, comenta. El piquete de Cojímar fue su primera escuela y ese patio su escenario durante mucho tiempo.

Daniel González Ruíz (Danielito) comenzó en la música de forma empírica y por el azar del destino uno de esos días que iba a disfrutar del ensayo, le llegó la oportunidad. La gente lo veía con su cajita de galletas tocando como si fuera un auténtico Drumm y esa pequeña fama le sonrió cuando estuvo en el momento justo y el lugar indicado. Sucede que el baterista del grupo no acudió ese día y él estaba ahí, aferrado a la baranda, expectante, el manager lo miró y dijo: “(…) el ensayo no puede parar, fiñe echa pa’ acá”. Ni siquiera tenía estatura suficiente para llegar a la batería, pero no lo dudó y “fue mágico”. Sin tener estudios precedentes tocó la melodía como si los ángeles guiaran sus brazos y piernas. “Ese era mi lugar y lo que quería hacer por el resto de mi vida”, evoca.

No tuvo posibilidades de estudiar en un conservatorio,  pero corrió con la fortuna de ser vecino de José Luis Quintana (Changuito), el baterista de los Van Van. Un día  que el hombre pasaba por la terraza donde ensaya lo sintió,  acto seguido preguntó quién era y lo mandó a buscar. Le ofreció lecciones de música y fue su primer profesor. Aunque las clases no duraron mucho, solo unos meses, pues Changuito viajaba muy a menudo.

Luego Daniel contacta con Tony Valdez el baterista de Felipe Dulzaides,  a quien  llama su maestro y le está eternamente agradecido: “Todo lo músico que soy hoy se lo debo a él, me formó y cimentó la base de mi conocimiento. Lo mío era el rock and roll, pero él me dio una visión general de la música. Le debo, además, mi formación académica, pues tenía colegas en la Escuela Nacional de Arte y valoraron mi talento a pesar de no tener la edad requerida para entrar”.

Daniel González Ruiz
“El rock estallaba entre mis muslos y manos en aquella etapa de Los Micros, cuando soñaba ser baterista”. Daniel González Ruiz es batería de rock and roll desde que tenía 13 años y no se visualiza en otra profesión.

Allí se graduó en 1980 y comenzó a trabajar con el grupo Sonido Contemporáneo, una experiencia que duró 7 años. Luego se incorporé de forma simultánea al grupo de Martha Jean-Claude, cantante haitiana radicada en Cuba, donde amplió conocimientos en la práctica con la música caribeña y contemporánea. Con esa agrupación tuvo el honor de tocar en la toma de posesión del presidente de Haití, Jean-Bertrand Aristide.

Después vino el Período Especial, tuvo que “reinventarse” y asumir otras formas de expresión musical con las agrupaciones Impacto, La Orquesta Aragón y el grupo Reflexión. “Con Dimensión Vertical vi la oportunidad de volver a mi zona de confort, el rock. En esta última banda conocí a mi compañero Eddy Escobar, quien luego de 8 años decide separarse del grupo y crear el suyo. Lo apoyé y  ahí estoy hasta hoy”.

Volviendo en el tiempo, en los años 60 y 70 era proscrito el rock and roll en Cuba. ¿Cómo hacían para escucharlo?

Una vez a la semana teníamos la posibilidad de escuchar música en un radio prestado y la aprovechábamos al máximo. Es verdad que estaba prohibida, pero por muchas barreras que le pusieron, el fenómeno social que arrastraba el movimiento de Los Beatles era inevitable. La gente comenzó a vestirse como ellos, a peinarse como ellos y a imitarlos.

En mi vida tuve dos grandes experiencias, la primera conocer a Tony Valdez y la segunda formarme en un ambiente tan  convulso de la música en Cuba. No había muchos grupos de rock porque era muy difícil. En aquel momento eso representaba la música del enemigo, no se discernía la cultura de la política. Por eso disfrutábamos al máximo las oportunidades de escuchar rock.

¿En qué momento se da el cambio de mentalidad con relación al consumo de esta música?

En mi opinión,  se da cuando inauguran el Parque John Lennon y posteriormente el centro cultural Submarino Amarillo. Más que un cambio de mentalidad, fue una aceptación social y una liberación para un grupo de personas que veían el rock como una forma de vida. Los estereotipos sociales que encierran a los rockeros en el saco de salvajes o indisciplinados aún se mantienen, pero en menor medida.

Según su experiencia y el público que hoy los sigue.  ¿Considera al rock and roll y al movimiento desatado por Los Beatles cómo un fenómeno intergeneracional?

Sí, el público que nos visita hoy es mixto. Creo que cada generación tiene su música, tanto buena como mala, pero conocerla es necesario para la cultura general de cada persona. Esa que defiendo representa unos valores que han trascendido en el tiempo y a mí en lo particular me alegra mucho ver a los jóvenes cantar a todo pulmón “Let it be”.

La Habana (2001). Estudiante de Periodismo en la Universidad de La Habana. Amante de la música y colaboradora de Opía Magazine.

Sabrina González Hugues
Sabrina González Hugues
La Habana (2001). Estudiante de Periodismo en la Universidad de La Habana. Amante de la música y colaboradora de Opía Magazine.

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