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    El lado literario del rock (I)

    Las novelas, los poemas y sus autores han nutrido el imaginario de varios discos y canciones de la moderna música popular: Bob Dylan, The Beatles, Pink Floyd, David Bowie y Lou Reed, son algunos de los intérpretes que han caído bajo la sugestión del poder verbal de muchos clásicos.

    John Steinbeck publicó su novela Viñas de ira en 1939. Allí contó las dificultades extremas de la familia Joad en su viaje a California, donde buscarían ganarse la vida ante las consecuencias de la crisis económica de Estados Unidos en esa época. En 1940, el estudio Fox lanzó la película homónima, dirigida por John Ford, y en 1995, el músico Bruce Springsteen publicó The Ghost of Tom Joad, un disco inspirado en aquella historia. Las canciones de Springsteen cuentan de gente que padece situaciones similares a las de la familia Joad, pero en la época actual.

    Tanto el cine como el rock son dos formas artísticas nacidas en el siglo XX, y si bien el primero creó un lenguaje totalmente nuevo, desde la década de 1950 el otro revolucionó la cultura en todo el mundo con sonidos originales. Entre ambos fenómenos culturales es habitual que se tengan más en cuenta los usos de la literatura por parte del cine y no tanto por el rock. Sin embargo, son varias las formas en que los músicos de ese género hicieron referencia o se basaron en la literatura.

    Que en el rock estas referencias sean menos recordadas, podría deberse al aire de música revolucionaria que tuvo en sus inicios, causa de desdén por parte de quienes no perciben aún que el género ya maduró luego de unos sesenta años de vida. El novelista D.H. Lawrence escribió que todo buen arte, en caso de serlo realmente, contará la verdad de su tiempo. Y el rock, que tiene su propio lenguaje, cumple esta máxima con creces.

    Nombres y canciones

    El rock se inspira en la literatura de muchas maneras, desde simples títulos de canciones hasta discos enteros dedicados a obras o escritores. Ejemplo de lo primero puede ser la pieza instrumental “Moby Dick”, de Led Zeppelin, en la cual los integrantes tocan los instrumentos con la intensidad y el virtuosismo que los caracterizó. No hay allí ninguna voz que cante acerca de la ballena blanca de Melville, pero cabría pensar que la energía del sonido hace imaginar algo grande y pesado que se aproxima.

    Otros casos son menos abstractos. Bob Dylan, por ejemplo, cuyo verdadero apellido es Zimmerman, usó ese nombre en homenaje al poeta Dylan Thomas. The Doors, la banda estadounidense de fines de los años 60 y comienzos de los 70, se inspiró para su nombre en un libro de Aldous Huxley: Las puertas de la percepción, que, a su vez, hace referencia a un verso del poeta inglés William Blake.

    Ambos hicieron, además, varias canciones referidas a obras literarias. “The End of The Night”, por ejemplo, escrita cuando Jim Morrison, vocalista y principal compositor de los Doors tenía 22 años y antes de ser famoso, está basada en la novela Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline. Esto no es extraño si se advierte que Morrison fue un lector voraz de Nietzsche, y que estuvo siempre atento a las corrientes intelectuales de su época.

    Más allá de su nombre artístico, las letras de Bob Dylan están repletas de menciones a personajes y escritores, de manera no muy distinta de cómo los cuentos y ensayos de Borges refieren a otros autores y otras obras. Por mencionar apenas un ejemplo: Dylan nombra al jorobado de Notre Dame, al fantasma de la ópera, a Ezra Pound y a T. S. Eliot en una sola de sus canciones: “Desolation Row”.

    También Led Zeppelin tiene alguna referencia más directa a la literatura. Quienes hayan leído El Hobbit y El señor de los anillos reconocerán en “Ramble on” la mención al personaje Gollum y a Mordor, la región donde debe destruirse el anillo imaginado por J. R. R. Tolkien. Robert Plant, el vocalista, había leído ambas historias, de ahí que la canción apareciera en el segundo disco de Led Zeppelin, publicado en octubre de 1969.

    Una portada clave

    Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, ese disco de los Beatles de 1967, que fue la bisagra para que el rock pasara a ser considerado un arte y dejara de ser solo una forma simple dirigida a los jóvenes, incluyó imágenes de varios escritores en su portada. Allí están Edgar Allan Poe, Herbert George Wells, Aldous Huxley, Karl Marx, Lewis Carroll, George Bernard Shaw, Oscar Wilde y Dylan Thomas. También figura Bob Dylan, que además de músico de rock e ícono cultural de la época, puede ser definido como poeta por las formidables letras de sus canciones. Todos ellos aparecen detrás del grupo junto con otras personalidades de diversos ámbitos, para simular el público de un concierto recién terminado.

    Si Los Beatles incluyeron a estos escritores como su público imaginario, significa que sus inquietudes artísticas tenían en cuenta las creaciones de todos ellos. Los méritos de este disco, considerado hoy una obra maestra, van en todo caso más allá de su portada. Incluso hay libros enteros sobre el tema, como Vida y milagro de Sgt. Pepper’s, de Clinton Heylin.

    Dos discos, un autor

    Tal vez The Wall (1979) sea la obra más conocida de la banda británica Pink Floyd. Pero Animals, su disco anterior de 1977, tomó su idea de Rebelión en la granja (Animal Farm), del escritor inglés George Orwell.

    Ese disco dura alrededor de cuarenta y cinco minutos y tiene apenas cinco canciones, que llevan por título los nombres de tres tipos de animales: cerdos, perros y ovejas (los cerdos se repiten en el título de tres canciones, pero con algunas variantes). El fonograma no cuenta la misma historia que la breve novela de Orwell (una la rebelión animal en una granja inglesa y los ideales traicionados por parte de algunos de ellos, en especial los cerdos), pero Animals es un retrato de la sociedad contemporánea. Las ovejas, por ejemplo, representan a quienes ignoran los problemas generales mientras ellos puedan “pastar” tranquilos y disfrutar del bienestar de las praderas, para ser finalmente traicionados por los líderes (“obediente, sigues al líder por pasillos hacia el valle de acero, qué sorpresa, ¡una mirada de shock en tus ojos!, ahora las cosas son lo que parecen de verdad, esto no es un mal sueño”). Los perros se dedican a buscar su interés a toda costa, utilizando a todo aquel que se les cruce para lograr sus fines. Los cerdos incluyen a todos quienes se creen superiores para dar cátedra moral y dirigir los destinos de los demás, cuando están lejos de ser un ejemplo.

    Sin embargo, Orwell ya había tenido presencia en un disco de rock: en 1976, David Bowie editó Diamond Dogs, inspirado en la novela 1984. La magia de su voz se combina con los sonidos tan originales que creó a lo largo de su carrera para contar a su manera 1984, y lo hizo de forma más directa que Pink Floyd.

    En este caso, Bowie recreó en cierta forma la historia de la novela. Las letras reproducen sus ambientes sombríos y desoladores, así como también los sentimientos de frustración y la pérdida de libertad que sufren los personajes. Las canciones de Diamond Dogs llevan por nombre muchos de los conceptos principales del libro. “Candidate”, “1984”, “Big Brother” y “We are the dead” son algunos de esos títulos. Esta última frase (“Somos los muertos”) la repiten los protagonistas varias veces, como para tener claro tristemente que sus posibilidades de sobrevivir y escapar al cruel régimen que los gobierna son muy escasas. “Big Brother” tiene una melodía conmovedora y suena a un himno patriótico, pero claro, la letra es una alabanza demencial hacia el Gran Hermano, quien domina a todos: “Por favor salvador, salvador muéstranos. Escúchame, soy tuyo. Alguien para culparnos, Alguien a quien seguir […] Te queremos, Gran Hermano”). El disco transmite la misma desolación que 1984, gracias al genio musical de Bowie.

    La sombra del cuervo

    Mientras Los Beatles incluyeron una imagen de Edgar Allan Poe en la tapa de Sgt. Pepper’s en 1976, en ese mismo año, otra banda inglesa dedicó todo un disco a canciones basadas en o influidas por los cuentos de Poe: Alan Parsons Project. Su disco debut fue el dedicado al poeta norteamericano y se llamó Tales of Mystery and Imagination. Alan Parsons no era un desconocido en el mundo de la música. Había sido ingeniero de sonido de Los Beatles, Pink Floyd, Paul McCartney, entre otros. Con Tales of Mystery and Imagination, Parsons juntó fuerzas con Eric Wolfson y comenzaron una carrera de varios discos conceptuales basados en autores u obras literarias.

    El disco, deudor de Poe, incluye canciones del mismo nombre que sus cuentos o poemas, con sus títulos en inglés. Allí están musicalizados “El cuervo”, “El corazón delator”, “El tonel de amontillado”, y otros. Obras de rock sinfónico, las canciones combinan sus arreglos vocales y su instrumentación para representar el dramatismo de los cuentos y darles voz a sus personajes. “La caída de la casa Usher”, por ejemplo, forma una suite de varias canciones juntas dentro del álbum. Años después Parsons publicó el disco The Time Machine, inspirado en la obra de H. G. Wells.

    En 2003, el neoyorquino Lou Reed también tomó la obra de su compatriota Poe para hacer un disco dedicado a sus cuentos y poemas, bajo el título The Raven (“El cuervo”). Sin embargo, además de transformarlos en canciones, incluyó diálogos de los cuentos, interpretados por artistas y actores famosos, como Willem Dafoe. En este disco de Reed, aparece otra vez David Bowie, que comparte la voz en el tema “Hop Frog”, cuyo cuento narra la venganza de un bufón contra el rey que lo tiene agobiado a puro maltrato.

    En The Raven, el sonido usado para cantar (y también contar) los cuentos de Poe es un poco más crudo. Reed está lejos del rock sinfónico de Alan Parsons, aunque esto no significa una menor elaboración en la música. De hecho, el disco de Reed incluye efectos de sonido como ruidos de cadenas, puertas golpeadas, truenos, derrumbes… Podría decirse que más que una colección de canciones es una gran dramatización que musicaliza los cuentos del autor de “Annabel Lee”. En el librillo de la edición en CD de The Raven, Lou Reed incluyó un texto que podría tomarse como una declaración genérica y definitiva acerca de los puentes entre el rock y la literatura:

    “Seguro, E. A. Poe es el más clásico de los autores estadounidenses, un escritor más a tono con el latido del corazón de nuestro siglo XXI de lo que jamás estuvo en el suyo. Obsesiones, paranoia y actos de autodestrucción nos rodean constantemente […]. He releído y reescrito a Poe para hacer las mismas preguntas nuevamente. ¿Quién soy? ¿Por qué me atrae hacer lo que no debo? […] ¿Por qué hacemos lo que no debemos? ¿Por qué amamos lo que no podemos tener? ¿Por qué nos apasiona lo que está mal? ¿Qué queremos decir con “mal”?

     

    Colaborador de Opía. Investigador y promotor cultural, Licenciado en Sociología por la Universidad de Holguín. Es coautor del libro Escaleras al cielo: el rock en Holguín.

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    2 COMENTARIOS

    1. Este articulo mereceria estar en alguna seccion de la cultura en nuestra prensa.Felicito a su autor y a OPIA por tocar un tema desconocido para esos “detractores” del genero que una de las cisas que mas alegan es la falta de textos interesantes y de “alto vuelo” en la “Lirica rokera”.Como dato curioso les queria agregar que Jim Morrison comenzo como estudiante de cine junto a Francis Ford Coppola,luego lo dejo por la musica pero “Raiders of the storm” tiene imagenes cinematograficas en su texto , ademas de la cadencia que funciona como un interminable “traveling”.

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    Dagoberto Pedraja. on El lado literario del rock (I)
    Javier Rodríguez Delgado on El lado literario del rock (I)
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