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    Cinco datos curiosos de Slayer

    ¡ANGEL OF DEAAAATH! Si leíste esto con la voz de Tom Araya es porque has quemado durísimo a Slayer, y no es para menos, pues cuando uno está muy enojado con la vida, con el trabajo, con el transporte, con el coronavirus, con el vecino que pone reggaetón o con nada en especial, es mejor encasquetarse unos audífonos con el Reign in Blood y mandar el mundo al garete. ¡ANGEL OF DEAAAATH!

    Por desgracia para el mundo del thrash metal, un día como hoy, pero en 2013, le dijimos adiós a Jeff Hanneman, fundador, guitarrista y unos de los principales compositores del piquete. A modo de homenaje, Opía te comparte cinco datos que quizás no conocías sobre este crack de la guitarra. ¡Dale play!

    1- Si bien Jeff Hanneman tenía su propio modelo de guitarra, la súper tiza ESP Jeff Hanneman, mientras estaba de gira con Slayer llevaba seis guitarras distintas, cada una con una tonalidad diferente y acorde a la afinación de cada disco (¡a sufrir, mortales!). Cuando murió en 2013, su colección fue comprada por Jeremy Wagner, guitarrista de una banda no muy famosa de death metal, y este las utilizó como inspiración para un disco. Con el dinero obtenido, la viuda de Hanneman hizo una donación al proyecto Wounded Warriors, una organización de caridad apoyada por su esposo en vida. ¡Yo quiero una mujer así de buena!

    2- Durante sus años de juventud, Jeff Hanneman y Tom Araya se metían más rayas de coca al día que las que hay en una libreta escolar. Cuando las cosas se pusieron feas para ellos, Jeff le dijo al cantante que se habían pasado “de la raya” (qué chiste tan malo, por Dios) y que se iban a morir al continuar por ese camino. Si ellos pudieron dejar el polvito blanco, ¿por qué tú no dejas de ser vago y compartes nuestra revista en tu muro?

    3- La letra de “Angel of Death”, escrita por Hanneman, le provocó a la banda numerosos detractores que los llamaban pro-nazis y antisemitas. El tema no habla precisamente de un viaje a la playa, sino de Joseph Mengele (un médico alemán muy sádico que experimentaba con la gente en los campos de concentración), pero de ahí a gritar ¡Heil Hitler! y tatuarse una esvástica en el cuello van otros veinte pesos. En realidad, lo que criticaban los detractores era que en ningún momento decían que aquel tipo era malo, y quizás la canción inspirara a algún villano en potencia a torturar personas. Nunca se sabe…

    4- Dicen por ahí que si escuchas la canción “SS-3” con audifonos, puedes escuchar a Jeff Hanneman tirándose un pedo. Nosotros no tenemos el tema a mano, pero leímos que después de completar su primer solo pones el balance hacia la derecha y lo escuchas como si estuviera al lado tuyo. Si descubres la flatulencia oculta, déjanos un en los comentarios y recuerda no comer huevos hervidos antes de entrar al estudio.

    5- En 2011, Jeff estaba to’ relajado en su jacuzzi descargándole a unas birras, cuando sintió que una araña le picó en el brazo. Como era más duro que La Roca no le prestó mucha atención, pero unos días después notó que su piel estaba más caliente que el mismísimo infierno y su esposa le dijo “dale, dale, dale hospital”. El doctor que lo atendió le aseguró que un tin más pierde la mano, pero como era un súper fan de Slayer le iba a salvar “primero la vida, luego el brazo, y más tarde la carrera”. Después de varias cirugías, injertos de piel y toneladas de antibióticos, Jeff logró recuperarse, aunque apenas tocó de nuevo con la banda. Cuando le preguntaron qué bolá con todo eso dijo que había sido del carajo, pero Satán lo había salvado. Moraleja: si te pica una araña y se siente raro, no te hagas el Peter Parker o terminarás del color de Venom…

    ¡Larga vida al thrash metal!

    Fuentes: El cuartel del metal, BioChile, Taringa, Metal Hammer, Metal Archives

    La Habana (1997). Jefe de Redacción de Opía Magazine. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Intento escribir un libro sobre memorias del rock en Cuba.

    Junior Hernández Castro
    Junior Hernández Castro
    La Habana (1997). Jefe de Redacción de Opía Magazine. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, fotógrafo ocasional y rockero sin fronteras. Intento escribir un libro sobre memorias del rock en Cuba.

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